¿Qué explica el desempleo?
Se está produciendo una andanada de ataques contra Jeanette Jara atribuyendo a la política de gobierno del que formó parte como ministra del Trabajo la falta de creación de empleos suficientes, y en especial a un supuesto aumento desmedido del costo de contratar.
El gráfico adjunto muestra que no hay una relación lineal entre mayor crecimiento del empleo y menor crecimiento de las remuneraciones reales o viceversa (según los datos del INE): pueden crecer a la par o a la inversa, en medio de inercias más o menos prolongadas. Por lo demás, no ha habido variaciones bruscas del nivel de las remuneraciones reales en los últimos años. La variación del empleo en el período reciente se explica por las condiciones de interrupción de los procesos de trabajo durante la pandemia y la reestructuración de la oferta posterior en medio de diversas perturbaciones internacionales, así como por la variación de las condiciones internas de la demanda en el corto plazo.
Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas
Se puede distinguir entre:
a) el desempleo llamado friccional por cambios voluntarios de empleo, que se puede disminuir mejorando la información y la movilidad;
b) el desempleo estructural, por desajustes entre las habilidades de los trabajadores y las necesidades de las empresas, el cambio tecnológico que deja obsoletas capacidades y las reestructuraciones sectoriales, que se puede disminuir con programas de recalificación, movilidad laboral y apoyo a sectores rezagados y
c) el desempleo por insuficiencia de la demanda agregada en el corto plazo, que se puede disminuir con combinaciones adecuadas de políticas de ingresos, fiscales, monetarias y cambiarias.
El enfoque basado en la ortodoxia neoclásica explica el desempleo solo por las regulaciones de contratación/despido y todo lo que pudiera encarecer el costo de contratar, sin considerar que lo que es válido para una empresa individual no lo es para la economía en su conjunto. Bajar salarios (precios) para aumentar la demanda de trabajo por los empleadores (cantidades) es la aplicación mecánica de las reglas de ajuste de oferta y demanda en equilibrio parcial, que desde Keynes (y antes) se ha demostrado se traducen en desequilibrios de subempleo por insuficiencia de la demanda efectiva. Las caídas en el consumo o la inversión provocan un menor dinamismo de la producción y, por tanto, menor creación o reducción del empleo. La secuencia es que si las empresas no prevén ventas suficientes, reducirán su producción y despedirán trabajadores. Al disminuir por este efecto el ingreso agregado de los hogares, la demanda caerá aún más, generando espirales recesivas que se autoalimentan y prolongan en el tiempo.
Se requiere, en tal caso, de estímulos fiscales o monetarios que modulen la demanda, como ocurrió durante la pandemia, pero en proporciones que no provoquen inflación. En el caso de Chile en 2021 y 2022, la inflación tuvo un origen básicamente externo, pues aumentaron fuertemente los precios de combustibles y alimentos a escala internacional, mientras el exceso de demanda provocado por los retiros de fondos de pensiones fue transitorio, pues fueron por una vez y su efecto se fue extinguiendo, así como fue desapareciendo una parte del déficit fiscal adicional vinculado a la emergencia. No obstante, en vez de programar un aterrizaje suave a medida que bajaba la inflación externa, se optó en Chile por un brusco sobre-ajuste fiscal en 2022 programado por el gobierno saliente y no corregido por el entrante, y una política monetaria ultra-restrictiva por las nuevas autoridades conservadoras del Banco Central en 2022 y 2023, la que, por lo demás, aún no se normaliza.
Por su parte, el salario mínimo puede generar cierto desempleo bajo condiciones de exceso de oferta y mercados muy competitivos, pero la evidencia empírica y los modelos analíticos más recientes muestran que, con un diseño adecuado, sus efectos sobre el empleo pueden ser mínimos o incluso positivos.
El dogma neoclásico sostiene que si el salario mínimo se fija por encima del "salario de equilibrio" en un mercado competitivo, la cantidad de trabajo ofrecida supera la demandada, generando desempleo, bajo los supuestos de mercados perfectamente competitivos sin fricciones, trabajadores intercambiables, y empresas tomadoras de precio. Un trabajo pionero del premio Nobel David Card, en un estudio de 1994, logró comparar los efectos de las evoluciones diferenciadas de salarios mínimos entre los estados de Nueva Jersey y Pensilvania en Estados Unidos y concluyó que un alza del salario mínimo no redujo empleos. Otros autores sucesivos, con distintos métodos, hallaron impactos modestamente negativos sobre empleo juvenil y en pequeños comercios, mientras las revisiones de múltiples estudios concluyen que el efecto sobre el empleo es generalmente pequeño y con frecuencia estadísticamente no distinto de cero.
Desde el punto de vista analítico, se ha puesto el énfasis en los efectos del poder de mercado. Las empresas con poder de monopsonio pueden fijar salarios por debajo del aporte del trabajador a la producción. En este caso, un salario mínimo puede aumentar el empleo al obligar a pagar un salario más cercano al valor que generan los trabajadores. Se supone que en competencia perfecta, la empresa toma el salario del mercado y contrata trabajadores hasta que el costo del último trabajador iguala el ingreso que le provee. En una situación de monopsonio (un demandante frente a múltiples oferentes), para contratar una hora de trabajo adicional, la empresa no solo paga ese salario, sino que debe elevar el salario a toda su plantilla. En competencia habría mayor empleo a menor salario. Si el legislador fija un salario mínimo que está por encima del que lograría pagar la empresa monopsónica, entonces el costo marginal de contratación se convierte en igual al salario mínimo hasta el nivel de empleo en que la oferta iguala esa cifra. La empresa aumenta el empleo hasta ese punto, porque ya no tiene que subir el salario a toda la plantilla para atraer un trabajador extra: paga el salario mínimo tanto al marginal (último trabajador) como al inframarginal (el resto). El salario mínimo reduce el costo marginal de incorporar trabajadores, lo que incentiva a la empresa a contratar más hasta que la productividad marginal del trabajo vuelva a igualar el nuevo costo salarial. Sin salario mínimo, la empresa monopsónica explota su poder, contratando menos trabajadores a un salario bajo. Con un salario mínimo razonable, se corrige parte de ese poder y el costo marginal baja y la empresa necesita más fuerza de trabajo para igualar su productividad marginal a ese costo. Utilizando este razonamiento neoclásico, resulta que el empleo es más alto y los salarios más justos, siempre que el mínimo no exceda el nivel por encima del punto de equilibrio competitivo. Por ese mecanismo, en mercados laborales donde las empresas tienen capacidad de “fijar” salarios por debajo de la productividad marginal (monopsonio u oligopsonio), un salario mínimo bien calibrado puede aumentar el empleo en lugar de reducirlo.
Un salario mínimo del orden del 40–50 % de la mediana tendría, en todo caso, menos efectos adversos que un nivel cercano o superior al salario mediano. A su vez, los sectores con fuerza de trabajo poco sustituible resienten menos los aumentos que los de baja calificación fácilmente sustituible. En una economía en crecimiento y con bajo desempleo, el impacto negativo se atenúa, mientras un salario mínimo que varía con la productividad, complementado con políticas activas de empleo (formación, incentivos a las pequeñas empresas) ayuda a mitigar los eventuales efectos negativos.
El desempleo es un fenómeno múltiple y las políticas para estabilizarlo y disminuirlo deben combinar instrumentos de corto plazo de modulación de la demanda y de regulación de la contratación junto a políticas de estímulo de la oferta de mayor plazo, acompañando las reconversiones productivas con formación pertinente de las capacidades humanas, avanzadas y no avanzadas, y con redes de protección de ingresos en las transiciones. El discurso que atribuye el desempleo coyuntural a excesos de salarios es a lo menos sesgado e interesado.
Referencias y lecturas adicionales
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