Contra la xenofobia y el populismo económico
Irracionalidades en tiempos de elecciones
Xenofobia
Muchos de quienes rechazamos todo clasismo, machismo, racismo y xenofobia, consideramos que no se debe hacer concesiones frente a estas conductas, aunque estén extendidas. En particular, nunca se debe ver en las personas extranjeras con que convivimos a enemigos o competidores, sino siempre a seres humanos portadores de derechos. Y con mayor razón aún cuando una proporción tan importante de las familias chilenas tiene orígenes cercanos o lejanos en la inmigración o tiene o ha tenido miembros que viven o han vivido en otros países, por múltiples razones, y que han sufrido la discriminación por ser extranjeros o bien, en contraste, experiencias de solidaridad y acogida que debemos imitar.
Cuando una persona vive establemente entre nosotros, no dejaremos de valorarla como ser humano y aprender de ella, ni de reconocerle derechos de ciudadanía, como actualmente es el caso con los que residen legalmente desde al menos 5 años en Chile. Es penoso que algunos diputados socialistas aparezcan vinculados a restringir derechos a los extranjeros para caer bien frente a las olas de xenofobia promovidas por la extrema derecha, en base a pasiones descarriadas de violencia y exclusión, o por suponerles un voto conservador. No se debe aceptar que intereses mezquinos enfrenten a trabajadores/as y ciudadanos/as de igual condición social por el diferente lugar en que pudieron haber nacido. Quien trabaja, convive, se integra, paga impuestos y comparte nuestras leyes y sus obligaciones como los demás, debe poder ejercer derechos como los demás, incluyendo elegir a quien gobierna, con empanadas, cebiches, arepas o lo que cada cual quiera en su mesa.
Populismo económico
El accionar responsable en política implica no sumarse a impulsos inmediatos sin medir las consecuencias posteriores. Detrás de buenas intenciones pueden existir efectos no buscados pero no por eso menos reales. No tiene sentido situarse en los avatares de la inmediatez y sumarse a los populismos, es decir a las supuestas soluciones simples a problemas complejos, sino que en la continuidad de la construcción de una sociedad protectora, democrática, solidaria y socialmente justa. Por tanto, no se debe desestabilizar la economía y en consecuencia las condiciones de vida del pueblo, sino mejorarlas de manera consistente hacia el futuro.
Suprimir instrumentos que viabilizan la inversión y la prosperidad común de manera sostenible en el tiempo, en nombre del alivio efímero en el presente, es un error con consecuencias que pueden ser lesivas para el interés de la mayoría. Sin ir más lejos, suprimir en diversos tipos de contratos el uso de la UF, que no es otra cosa que una variante del IPC, es decir la actualización diaria de valores por la inflación pasada medida por el IPC, es un error porque puede terminar encareciendo los precios ante incertidumbres financieras, en especial en materia de acceso a la vivienda y a la protección en salud. Evidentemente es bienvenida toda mejoría de la regulación que impida abusos, pero la fiebre no desaparece porque se prohiba el uso de los termómetros. Frente a la inflación, lo que cabe es atacar sus causas. Entre estas se cuentan los efectos inerciales que la indexación sobre la inflación pasada produce sobre la inflación futura, lo que puede incluso alimentar eventuales espirales de reajustes de precios. Por eso los reajustes salariales suelen no ser mensuales para evitar presiones inflacionarias constantes, aunque no están prohibidos.
Es una pregunta legítima la de por qué otros contratos se reajustan mensualmente y el sentido que esto tiene. La autoridad debiera tener instrumentos para, en situaciones inflacionarias, ampliar en el tiempo, aunque no suprimir, la reajustabilidad de algunos contratos socialmente sensibles, como los arriendos o seguros de familias vulnerables, especialmente si alimentan una inflación rampante.
En general, tiene todo el sentido del mundo fortalecer la protección de los usuarios frente a abusos monopólicos y realizar ajustes salariales y transferencias de ingresos desde los que tienen más hacia los que tienen menos. Es el caso, por ejemplo, del mecanismo de compensación del alza de alimentos a través del “bolsillo electrónico” aplicado por el actual gobierno, luego de la racha de alzas de los precios externos en 2022 y 2023. Pero dejar contratos desprotegidos de la inflación en el largo plazo simplemente los va a encarecer o inhibir que se realicen.
Es una ilusión la idea de que se puede suprimir permanentemente los aumentos de precios cuando los costos aumentan, y en general la idea de que se puede obtener avances económicos estables manipulando precios artificialmente. De nuevo, eso no inhibe que se tomen medidas compensatorias. Por ejemplo, en el caso de los combustibles, ante una racha alcista en 2000, el gobierno de Ricardo Lagos aprobó un bono compensatorio para las familias de menos recursos. También tiene sentido estabilizar precios oscilantes, haciendo que suban menos, pero que luego bajen menos, como es el caso del mecanismo que regula los precios de los combustibles, manteniendo un promedio que refleja los costos. Lo que no tiene sentido es impedir alzas sin compensaciones en las bajas posteriores, pues se puede terminar produciendo escasez o interrupciones de abastecimiento que lesionan a todos, pero especialmente a las familias de menos recursos.
El avance de la irracionalidad populista
Estamos en una etapa nacional y mundial en la que crecen las confusiones, los miedos, el rechazo al diferente y diversos impulsos irracionales. Vemos nuevos tipos de representantes que prefieren halagar prejuicios y vender ilusiones antes que trabajar seriamente por transformar las cosas de manera efectiva, horizontal y duradera en beneficio del ciudadano común y del mundo del trabajo y de la cultura, de modo de viabilizar una convivencia respetuosa, sin abusos, equitativa y sostenible.
Por ello, no se debe avalar a unos pocos que actúan buscando falazmente popularidades efímeras en tiempos de elecciones, pero ponen en entredicho el interés de la mayoría social y su integridad y consistencia. Y menos cuando se trata de posturas contrarias a valores fundamentales.

