En medio de la guerra
¿Cual es la actitud a tomar frente a la escalada en el ataque de Israel y Estados Unidos a Irán, que sigue a sus acciones de destrucción genocida de Palestina y de inviabilización de los Estados circundantes, empezando por Líbano, Siria e Irak?
Frente a lo que está ocurriendo hoy en Medio Oriente, cabe repudiar las respuestas que toman como chivo expiatorio las violencias del islamismo radical para justificar el sometimiento por la fuerza de pueblos y naciones.
Primero cabe diagnosticar que el enunciado de que Irán no puede tener un poder militar nuclear es equívoco si al mismo tiempo no se considera que Israel no reconoce tenerlo, aunque posee entre 100 y 200 cabezas nucleares, y se sustrae a cualquier obligación internacional de control. Israel y Estados Unidos actúan desde la voluntad de poder sin restricciones y son hoy Estados violentos que desprecian el derecho internacional, en lo que son aplaudidos por las derechas de todo el mundo, incluyendo Chile.
Segundo, lo que hay que reivindicar es el derecho internacional, por muy relegado que esté hoy y aparezca como insuficiente e impotente. Es la alternativa a la ley del más fuerte, la principal bandera del neofascismo y de los autoritarismos de conquista en sus diversas expresiones. La prohibición del recurso unilateral a la fuerza es el principio fundamental del orden jurídico de posguerra. Solo si el Consejo de Seguridad vota y autoriza una guerra —o cuando un Estado es objeto de un “ataque armado”— podrá un Estado que haya ratificado la Carta de las Naciones Unidas recurrir a la fuerza contra otro Estado. Si bien ningún sistema jurídico es perfecto —y este no es una excepción, como muestran los conflictos globales actuales—, la Carta de las Naciones Unidas ha contribuido a producir la era más pacífica y próspera que el mundo haya conocido en la historia reciente.
Es el derecho internacional el que construyó instrumentos contra la proliferación nuclear, lo que se tradujo en tratados, porque está en juego la supervivencia humana frente a la capacidad y posibilidad de destrucción mutua general. El Tratado de No Proliferación Nuclear está en vigor desde el 5 de marzo de 1970 y restringe la posesión de armas nucleares para impedir la proliferación de armas de destrucción masiva. No lo integran cinco Estados: India, Pakistán, Israel, Sudán del Sur y Corea del Norte. Solo a cinco Estados este tratado les permitió la posesión de armas nucleares: Estados Unidos (firmante en 1968), Reino Unido (en 1968), Francia (en 1992), la Unión Soviética (en 1968, sustituida por Rusia) y la República Popular China (en 1992). Se trata de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
El camino de la negociación para impedir que Irán desarrolle un arma nuclear iniciado con un acuerdo en 2015 es el que abandonó el Estados Unidos de Trump en 2018 por presión de Israel y reinició las sanciones. En esta negociación fueron parte los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y la Unión Europea, potencias interesadas en impedir que Irán, y cualquier otro país adicional, se dote de armas nucleares. Si Irán no cumplía los acuerdos y controles, el arma era y es el de las sanciones de distinto tipo. La propia directora de Inteligencia de Estados Unidos Tulsi Gabbard declaró ante el Senado estadounidense que Irán no estaría construyendo un arma nuclear y que el líder Ali Jamenei no habría vuelto a autorizar el programa que ya estaría inactivo, a pesar de que las reservas de uranio enriquecido siguen aumentando según la agencia internacional de la ONU en la materia, lo que requería de más controles y sanciones luego que hace tres años que la agencia no puede acceder al país.
Pero Estados Unidos e Israel desecharon ese camino y prefirieron el uso unilateral de la fuerza militar y bombardear las instalaciones nucleares y militares, junto a diversos objetivos civiles, lo que ahora amenaza con desestabilizar todo el Medio Oriente, y de paso la economía mundial por la importancia de la zona en el abastecimiento global de petróleo.
El problema político central en escala internacional sigue siendo fortalecer el multilateralismo para contener y erradicar las guerras, en nombre del respeto de los derechos de los pueblos a la autodeterminación y del derecho internacional que provee instrumentos de solución pacífica de las controversias. Aunque la situación sea hoy extremadamente adversa.

