Las brechas de PIB por habitante en América Latina, 1980-2024
En Chile el indicador respecto a los países de altos ingresos mejoró de 32% en 1980 a 47% en 2024
Un indicador tradicional de evaluación de las economías es el del crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), como tal o por habitante. El PIB mide tanto la producción mercantil de bienes y servicios y sus transacciones efectivas a precios de mercado, como la provisión de servicios públicos a costo presupuestario, incluyendo usualmente infraestructura, educación, salud, defensa, justicia y administración pública. Se sigue el sistema de cuentas nacionales según el marco del Sistema de Cuentas Nacionales 2008 de la ONU, siempre descontando del valor final los consumos intermedios para dimensionar el valor agregado por cada actividad y con el objeto de evitar las dobles contabilidades propias del cálculo del valor bruto de producción.
El PIB no considera el deterioro climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero ni la pérdida de recursos naturales resultante de la reducción de los espacios naturales y de la degradación de la biodiversidad y de la resiliencia de los ecosistemas, fenómenos de difícil cuantificación, aunque algunos países realizan cuentas nacionales verdes para calcular la disminución del “capital natural” para aproximarse al cálculo de la proporción de los beneficios económicos inmediatos que se obtienen a expensas de la prosperidad futura. Tampoco considera el consumo del capital fijo en los procesos de producción (al hacerlo se obtiene el Producto Interno Neto, calculado con poca frecuencia por los países).
A su vez, el PIB no incluye el trabajo doméstico no remunerado, y tampoco buena parte de la economía informal. Según la OIT (2019), el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale a 9% del PIB mundial si se valora con el salario mínimo y hasta 23% del PIB mundial si se valora con el salario promedio de los trabajadores de servicios de cuidados. El 76% de las horas diarias de trabajo no remunerado lo realizan mujeres. En Chile, el Banco Central (2021) estimó que el trabajo doméstico no remunerado equivalía a alrededor del 26% del PIB en 2020. El Banco Mundial (Informal Economy Database) estima, a su vez, la magnitud de la economía informal en cerca del 30% del PIB mundial, proporción que alcanza, por ejemplo, un 15% en Chile, un 33% en Brasil y un 55% en Bolivia.
Por otro lado, el PIB no registra el acceso a servicios no pagados a través de internet, pues solo se incluye el costo de los servidores, los sueldos de empleados y los ingresos publicitarios. Estimaciones llevan hasta a 6% del PIB este valor económico no registrado (Brynjolfsson et al., 2023).
No obstante, la medición del PIB, a pesar de las mencionadas limitaciones, es un indicador relevante para la evaluación de la posición económica relativa de los países. La evolución de cada país puede analizarse comparando en el tiempo las variaciones del PIB y del PIB por habitante. Pero dado que las economías latinoamericanas han incrementado sus interrelaciones con los mercados mundiales, tiene sentido observar los cambios en las brechas en el PIB por habitante respecto de los países de más altos ingresos. Entre tanto, las diferencias de tasa de crecimiento a favor de China desde la década de 1980 le han permitido a ese país acortar sustancialmente las distancias previas en el PIB por habitante con el resto del mundo, que a la salida de la segunda guerra mundial y del término de su guerra civil en 1949 se contaba entre los más pobres del mundo.
El Fondo Monetario Internacional mantiene una base de datos del PIB desde 1980, a partir de las cuentas nacionales de los países o bien de estimaciones del organismo, como es el caso de Argentina y Venezuela desde 2010 y Perú y Bolivia desde 2017 en América Latina. En este caso, se considera los datos disponibles del FMI del PIB por habitante desde 1980 a 2024 década a década, con excepción del año 2019 (no se toma 2020 por el efecto particular de la pandemia).
PIB por habitante en América Latina como porcentaje del PIB por habitante de los países del G7 (a precios constantes y a paridad de poder adquisitivo, dólar internacional de 2021)
Fuente: a partir de International Monetary Fund (World Economic Outlook, abril 2025).
En la mayoría de los países de América Latina y el Caribe se constata que en materia de PIB por habitante han aumentado entre 1980 y 2024 las brechas previamente existentes con los países de altos ingresos del Grupo de los 7 (Estados Unidos, Canadá, Japón, Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia), con algunas excepciones. Esto también se observa si se considera solo la mayor economía de este grupo de países, la de Estados Unidos.
PIB por habitante en América Latina como porcentaje del de Estados Unidos (a precios constantes y a paridad de poder adquisitivo, dólar internacional de 2021)
Fuente: a partir de International Monetary Fund (World Economic Outlook, abril 2025).
El aumento de la brecha respecto a los países de altos ingresos se concentra en muchos casos entre 1980 y 1990, durante la llamada “década perdida” de América Latina.
La brecha con el G7 ha aumentado, en particular, en las tres economías más grandes del continente. En el caso de Brasil, se incrementó en 12 puntos porcentuales entre 1980 y 2024. El incremento de la brecha se concentró entre 1980 y 2000, con una mejoría hacia 2010 y una declinación posterior, mientras el PIB por habitante se situó en 31% en 2024 respecto al de los países de altos ingresos. En el caso de México, el aumento de la brecha sumó 21 puntos en 45 años y fue también más notorio en la década de 1980, mientras ha persistido desde entonces y se situó en 35% en 2024. En el caso de Argentina, el aumento de la brecha fue de 29 puntos porcentuales desde 1980, situándose en 41% en 2024, con una recuperación entre 2000 y 2010 y significativos aumentos de brecha posteriores. En 1980 era la menor del continente, junto con Venezuela, con un 63% del PIB por habitante de los países de altos ingresos del G7.
Si las estimaciones del PIB por habitante hechas por el FMI para Venezuela son acertadas -lo que no es evidente porque el gobierno no publica cuentas nacionales sino parcialmente y la ola migratoria es de difícil estimación y abarca al parecer un 22,5% de su población en 2024- entonces se registra una ampliación inédita de la brecha de PIB por habitante. Esta pasó de representar un 70 % del de los países de altos ingresos del G7 en 1980 a uno de solo 36% en 2000 y, al parecer, a uno de 12% en 2024. Es una de la caídas económicas mayores de las que se tenga conocimiento en las últimas décadas, la que ya había sido de 34 puntos porcentuales entre 1980 y 2000. Otra caída considerable y sistemática ha sido la registrada en Haití, cuyo PIB por habitante pasó de representar un 14% de aquel de los países de altos ingresos del G7 en 1980, ya el más bajo de América Latina junto a Honduras, a uno de solo 4% en 2024. El de Honduras declinó hasta un 11%.
Perú, Bolivia y Ecuador han experimentado aumentos de brecha desde 1980, pero en una escala menor y con recuperaciones respecto a la década de 1980.
Entre los casos de éxito en la reducción de brechas, destaca la situación muy reciente de Guyana, cuyo PIB por habitante supera en 2024 el de los países de altos ingresos: ha aumentado considerablemente su PIB por el descubrimiento y producción de petróleo en una escala que contrasta con su escasa población. Un buen desempeño previo y con altibajos es el de Trinidad y Tobago, que produce gas en gran escala y refina petróleo, también con poco territorio y población. Panamá, en este caso con una fuerte economía financiera, también ha disminuido su brecha, y alcanza un PIB por habitante de 58% en 2024 respecto a los países de altos ingresos, a comparar con un 37% en 1980. Esta es hoy la proporción más alta de América Latina después de Guyana. Costa Rica ha experimentado un buen desempeño, con una brecha que pasó de 37% en 1980 a 42% en 2024, mientras República Dominicana, con una economía dinamizada por el turismo, ha registrado una más fuerte reducción de la brecha, con un PIB por habitante respecto a los países de altos ingresos que pasó de un 23% en 1980 a un 41% en 2024.
Entre los países cuya economía tiene un tamaño que se sitúa inmediatamente después del trío de mayor tamaño, se registra una mejoría de Colombia, cuyo PIB por habitante pasó respecto a los países de altos ingresos de 27% en 1980 a 30% en 2024.
En el caso de Chile, el indicador pasó de 32% en 1980 a 47% en 2024, constituyendo el mayor éxito de reducción de la brecha con los países de altos ingresos en las últimas cuatro décadas entre las economías latinoamericanas de más envergadura. La secuencia fue la de un aumento de la brecha en la década de 1980 (el PIB por habitante respecto al de los países de altos ingresos bajó de 32% hasta 28% en 1990), todavía bajo una dictadura de orientación ultraliberal en materia económica, y fuertes saltos positivos en las dos décadas siguientes, de 8 puntos porcentuales en 1990-2000 y otros 10 puntos en 2000-2010, ahora en un contexto democrático con gobiernos de una coalición estable durante dos décadas y una política económica mixta de apertura al exterior y políticas sociales activas. Esto fue seguido luego de una reducción de la brecha a un ritmo de solo 1,3 puntos porcentuales entre 2010 y 2024, una vez agotada la fase de expansión de las exportaciones sin diversificación hacia una mayor complejidad tecnológica, la que aún no se produce en una escala significativa, con alternancias sucesivas entre gobiernos de distinto signo y retornos a políticas neoliberales.
Aumentar el valor agregado interno hacia atrás y hacia adelante en los circuitos de bienes exportables es una tarea de largo plazo para Chile, en “distritos productivos” que combinen universidades, órganos públicos de fomento y empresas de servicios modernos a la producción y de producción de bienes, junto a un cambio energético de frontera tecnológica. Un ejemplo es la apuesta por el hidrógeno verde, que es un producto químico industrial, el amoníaco verde, con una cadena de insumos e ingeniería y tecnologías de la información, incluyendo IA, y luego de cadena logística de almacenamiento y de transporte y de uso en nuevos dispositivos industriales y de movilidad. Y el hidrógeno verde no podrá exportarse masivamente si no se prueba primero de manera generalizada en Chile en las áreas de movilidad y de energía industrial y de servicios.
Referencias
Avilés-Lucero, F. (2021). Estimación trabajo doméstico no remunerado, 2020. Banco Central de Chile. https://www.bcentral.cl/documents/33528/3015423/estimacion-trabajo-domestico-no-remunerado.pdf/977aa3c3-7a61-20fe-be66-85c68c7707b0.
Brynjolfsson, E.; Avinash Collis, A.; Liaqat, A.; Kutzman, D.; Garro, H.; Deisenroth, D.; Wernerfelt, N. & Joon Lee, J. (2023). The Digital Welfare of Nations: New Measures of Welfare Gains and Inequality. NBER Working Paper 31670. DOI 10.3386/w31670.
International Monetary Fund. (2025). World Economic Outlook Database, April.
Organización Internacional del Trabajo. (2019). El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente. https://www.ilo.org/sites/default/files/wcmsp5/groups/public/%40dgreports/%40dcomm/%40publ/documents/publication/wcms_737394.pdf



