La situación preocupante del empleo en Chile
El empleo y el desempleo en 2025 y los cambios de largo plazo
El empleo y el desempleo en 2025
De acuerdo a los datos anualizados de la encuesta periódica del Instituto Nacional de Estadísticas publicados el 30 de marzo, se registró en promedio en 2025 una cifra de 9,38 millones de personas ocupadas, de las cuales 4,05 millones son mujeres (un 43,2% del total). Recordemos que la economía chilena logró recién a fines de 2023 volver al número de 9,06 millones de personas ocupadas en febrero de 2020, antes de iniciarse la pandemia.
La ocupación creció en 2025 en un 1,0% respecto a 2024, con unas 93 mil personas adicionales, a comparar con la creación anual de empleo de más de 200 mil de 2023 y 2024 y de los también cerca de 200 mil en los tres años previos a la crisis de la pandemia.
Fuentes: INE y Banco Central de Chile.
Si se considera los datos desde 2010, fecha de entrada en vigencia de la actual Encuesta Nacional de Empleo (ENE), se constata que 2025 es el año de más baja creación de empleo anual (exceptuando el año de la pandemia). Es, además, junto al dato de 2012 (0,37), el de más bajo coeficiente de creación de empleo sobre PIB (0,41), siendo la media de 1,1 en 2011-19 y de 0,88 en 2024. Este coeficiente se vio alterado en su regularidad por la brusca caída de la actividad y empleo por la pandemia y los altibajos de la recuperación posterior. No obstante, emerge la interrogante de si el dato de 2025 es coyuntural o bien está vinculado a posibles efectos crecientes del cambio tecnológico sobre el empleo, los que habrá que seguir de cerca en los próximos años.
En paralelo, se produjo en 2025 una caída de -0,2% anual en el número total de horas efectivas trabajadas, mientras en 2024 se había producido un aumento de 0,9%. Existe usualmente una correlación estrecha entre la variación del empleo y de las horas trabajadas totales (ver el primer gráfico), pero eso no ha ocurrido en 2024 y 2025. Una hipótesis plausible es que la evolución más lenta de las horas trabajadas respecto al empleo y el PIB está reflejando aumentos de productividad -factor estructural de oferta productiva que, como se observa en el segundo gráfico, aumentó en 2024 y 2025, medida como producción por hora trabajada- combinados con disminuciones de horas extraordinarias. La productividad media del trabajo disminuyó tendencialmente entre 2012 y 2019, aumentó fuertemente en 2020 dado que la producción cayó menos que el empleo, que disminuyó en 2 millones de personas en la pandemia, lo que se mantuvo en 2021 pero cayó en los dos años siguientes hasta la recuperación actual.
Fuentes: INE y Banco Central de Chile.
Por su parte, según el dato administrativo de la Superintendencia de Pensiones, en el trimestre final de 2025 los cotizantes dependientes aumentaron en 0,6% anual, unas 37,9 mil personas adicionales respecto al mismo período del año anterior, una cifra inferior al incremento del empleo formal registrado en los trimestres previos. Se trata del empleo asalariado con contrato registrado directamente por medios administrativos y no mediante una estimación -con el respectivo margen de error- de la encuesta de ocupación del INE. Este empleo formal se recuperó desde la segunda parte de 2024, luego de una desaceleración en 2022 y caídas en 2023.
La ocupación informal alcanzó un 26,8% de la ocupación total (28,7% en las mujeres) en el último trimestre, un aumento anual de 0,4 puntos porcentuales respecto a 2024. No obstante, la cifra contrasta con el 29,3% del último trimestre de 2019 (30,6% en las mujeres), previo a la pandemia, por lo que se mantiene un progreso en la formalización del empleo a pesar del leve retroceso en 2025. La ocupación informal aumentó en 4,5% en mujeres y en 2,7% en hombres en el cuarto trimestre en relación al mismo período del año anterior. En el ciclo económico, el empleo informal tiende a crecer menos, o a disminuir, en los períodos de desaceleración o recesión, especialmente el empleo informal femenino, y a crecer más que el formal en períodos de mayor crecimiento. Un mayor crecimiento del empleo en una coyuntura dada incita a los desempleados desalentados a buscar trabajo otra vez y tienden a aceptarlo, aunque sea inicialmente, en actividades informales que se ofrecen con más frecuencia para las personas de menos calificación.
El número de desocupados alcanzó en 2025 a 879 mil personas, con un aumento anual de 18 mil, equivalente a un aumento de 2,1%. Los inactivos potencialmente activos sumaron otras 965 mil personas, con una leve disminución anual.
La fuerza de trabajo aumentó algo más que el empleo, en un 1,1% anual, por lo que la tasa de desocupación creció levemente y pasó de 8,5% a 8,6% de la fuerza de trabajo en 2025. En contraste, la tasa de desocupación femenina se mantuvo en 9,3%, revirtiendo los aumentos ocurridos desde 2022. La tasa de desocupación había bajado en 2013 a un 5,7%, registro que no se ha vuelto a constatar desde entonces y que sitúa a la economía chilena en una posición establemente alejada del pleno empleo: desde noviembre de 2022 la desocupación se mantiene por encima del 8% de la fuerza de trabajo.
La tasa de desocupación ampliada, que considera a los inactivos potencialmente activos, pasó de 16,5% en 2024 a 16,7% en 2025 de la fuerza de trabajo ampliada. Se mantiene con una tasa mayor para las mujeres, la que pasó de 19,4% a 19,7%. La tasa de desocupación ampliada tuvo su nivel más bajo en 2019, con un 14,1%.
En suma, en 2025 no se verificaron progresos en la disminución del desempleo.
Fuente: INE.
Por su parte, la tasa de ocupación sobre la población de 15 años o más mejoró levemente y alcanzó un 57,8%, a comparar con el 56,7% de 2024, lo que se debe a que esta franja etaria de la población crece actualmente en solo un 0,9% al año y refleja la evolución demográfica declinante. Como referencia, en 2011 la población de 15 años o más crecía al 1,6% al año. No obstante, aún no se recupera la tasa de ocupación de 58,3% de 2019, la tasa más alta hasta ahora registrada, en el año anterior a la crisis de la pandemia. La tasa de ocupación de las mujeres, por su parte, ha experimentado en cambio una recuperación casi completa: alcanzó a un 48,0% en 2025, a comparar con el 48,4% de 2019, aunque sigue siendo sustancialmente inferior a la de 65,9% de los hombres.
Los cambios de largo plazo en el empleo y el desempleo
En una perspectiva temporal más amplia, cabe consignar que, según los datos de la encuesta ENE aplicada desde 2010, entre ese año y 2025 la población en edad de trabajar aumentó en 24%, mientras la fuerza de trabajo y el empleo lo hicieron en 28%, con el resultado de que la población inactiva creció en solo 18% y disminuyó su participación relativa. Esto explica que la tasa de ocupación de la población en edad de trabajar pasara de 55% a 57%, con una brecha de género que disminuyó (la tasa de ocupación femenina pasó de 42% a 48%). Pero ésta sigue siendo elevada y constituye una asignatura pendiente para la economía y la sociedad chilenas. Por su parte, los desocupados aumentaron en 33%, más que las otras variables, por lo que la tasa de desocupación pasó de 8,3% al mencionado 8,6%, reflejando una situación estructuralmente lejana al pleno empleo.
Los desocupados potencialmente activos no aumentaron entre 2010 y 2025, por lo que la tasa de desempleo ampliada bajó de 18,4% al mencionado 16,7% de la fuerza de trabajo total: es también una cifra elevada que refleja una insuficiente capacidad de creación de empleo en la economía chilena.
Por otra parte, la evolución demográfica se ha hecho sentir en Chile en la distribución etárea de la ocupación. Mientras en 2010 la participación del tramo de edad de 15 a 24 años en la población en edad de trabajar (15 años y más) era de 22%, en 2025 había bajado a un 15% del total. Al mismo tiempo, en 2010 un 12% del empleo se concentraba en este tramo de menos edad, mientras en 2025 la cifra descendió a 7%, fruto también de los avances en la cobertura de la educación superior. La tasa de desocupación entre los jóvenes de 15 a 24 años pasó de 18% en 2010 a 21% en 2025 y aquella prevaleciente en el tramo de 25 a 34 años pasó de 10% a 12%, en ambos casos por encima del promedio.
En contraste, la participación en el total de la población en edad de trabajar de las personas en el tramo de edad de 55 a 64 años pasó de 12% a 14%. La de las personas de 65 años y más pasó de 12% a 17%. La suma de personas de 55 años y más pasó de 24% a 31% del total de personas de 15 años o más, reflejando el envejecimiento de la población. En la participación en el empleo, las cifras pasaron de 13% a 16% y de 4% a 6% respectivamente en esos tramos de edad más avanzada. La suma de 55 y más años pasó de un 17% a un 22% del total. Sus tasas de desocupación son inferiores al promedio. Los tramos de edad intermedios no experimentaron cambios significativos en su participación relativa tanto en la población en edad de trabajar como en el empleo.
En materia de composición por categoría de la ocupación, se mantuvo el predominio de los asalariados con un 76% del total en 2025, a comparar con el 75% en 2010. Los trabajadores por cuenta propia aumentaron levemente y pasaron del 19% al 20%, mientras bajaron su participación los familiares no remunerados de 1,4% al 0,6% y los empleadores de 4,5% al 3,0% del total, lo que refleja la concentración de la base empresarial en Chile.
En la dinámica sectorial, se constata que el empleo en la producción de bienes ha pasado de sumar un 33% de la ocupación total en 2013 (año más antiguo de la serie actualizada del INE) a solo 28% en 2025. Ha aumentado la ocupación en la minería (de 262 a 304 mil empleos), la construcción (de 689 a 721 mil), el suministro de electricidad y gas (de 37 a 50 mil) y el de agua (de 41 a 72 mil). En cambio, ha disminuido la ocupación en la producción de bienes agrícolas, ganaderos, silvícolas y pesqueros (de 683 a 544 mil, una caída de 139 mil ocupados) y de bienes industriales manufacturados (de 909 a 898 mil, una caída de 10 mil ocupados) y, por tanto, también su participación en el total. Esto no ha sido compensado por la creación de empleo en la mencionada producción de otros bienes, pues en el agregado el empleo en esta área cayó en 39 mil ocupados. No obstante, ha crecido la producción en términos de valor agregado: en la producción de bienes la productividad media del trabajo ha aumentado.
En el suministro de servicios a la producción y a las personas, se ha producido una expansión general del empleo, que pasó de un 67% a un 72% de la ocupación total entre 2013 y 2025. La excepción ha sido el servicio doméstico (los hogares como empleadores) que pasó de 418 a 262 mil puestos de trabajo), con una contracción de 157 mil empleos. Los principales creadores de empleo de servicios han sido el comercio (que pasó de 1,562 a 1,745 millón), la enseñanza (de 655 a 802 mil), la atención de salud y la asistencia social (de 368 a 724 mil), el transporte y almacenamiento (de 508 a 592 mil), la administración pública y defensa (de 429 a 540 mil), el alojamiento y comidas (de 319 a 439 mil), las actividades profesionales (de 250 a 358 mil), las actividades de servicios administrativos y de apoyo (de 183 a 316 mil), la información y comunicaciones (de 167 a 226 mil), las actividades financieras (de 190 a 206 mil), las actividades artísticas y recreativas (de 99 a 112 mil) y las actividades inmobiliarias (de 63 a 97 mil).
El perfil educacional del empleo ha cambiado de manera significativa entre 2010 y 2025. La proporción en la ocupación de las personas que no completaron la educación primaria pasó de 7% a 3% del total; la con educación primaria pasó de 28% a 15%, mientras la con educación secundaria permaneció estable y pasó de 42% a 41% del total de ocupados. A su vez, la ocupación con educación superior de ciclo corto pasó de 5% a 13% del total (de 391 mil 1,263 millón de personas), la con grado universitario de 16% a 25% (de 1,173 a 2,385 millones de personas), la con nivel de maestría de 0,5% a 2,6% (de 36 mil a 247 mil personas) y la con doctorado de 0,1 a 0,3% (de 4 mil a 38 mil personas). Este cambio refleja un positivo aumento promedio de las capacidades humanas en Chile medido a través de los años de educación.
No obstante, entre los desocupados se registra una evolución preocupante. Ha bajado el número, con 75 mil personas menos, y la proporción de los que declaran educación primaria o menos (pasó de un 33% del total en 2010 a un 16% en 2025), lo que refleja el avance educativo. También bajó levemente la proporción de los desocupados con educación secundaria (pasó de 49% a 48%), aunque su número aumentó en cerca de 100 mil personas. En cambio, los desocupados con formación superior de ciclo corto pasaron del 5% al 12% del total y aumentaron en 70 mil personas (con cerca de 50 mil más entre 2019 y 2025) y los con grado universitario pasaron del 12% al 23% con 135 mil más entre 2010 y 2025 (y 60 mil más entre 2019 y 2025). Las personas desocupadas adicionales con educación superior suman 235 mil y 110 mil en ambos períodos respectivamente. Esto abre una severa interrogante sobre la pertinencia de la educación técnica y superior en el Chile actual y sobre la capacidad de absorción de personas calificadas en la actual estructura productiva, pues se constata una tendencia de disminución del desempleo entre las personas menos calificadas y un aumento persistente entre las personas más calificadas.




