La pobreza y la desigualdad disminuyen en Chile
Pero ambas permanecen en niveles elevados
Se han dado a conocer los resultados de la encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN), una amplia muestra representativa de la población que se recolecta cada dos años, en este caso con datos de 2024. Estos son positivos y alentadores en materia de pobreza y también reflejan una leve mejoría en la distribución del ingreso, aunque también revelan que queda mucho camino por recorrer.
La pobreza
Los resultados de la Encuesta Casen 2024 confirman que Chile ha retomado la senda de reducción de la pobreza desde 1990, solo interrumpida por la pandemia en la medición de 2020. Con los nuevos criterios de medición adoptados (ver más abajo), la pobreza de ingresos disminuyó a 17,3% de la población, cerca de 3,5 millones de personas, desde el 20,5% de 2022. Por su parte, la pobreza multidimensional, que no considera los ingresos sino las carencias de las familias, disminuyó a 17,7% en 2024 desde el 20,0% en 2022.
Como se observa, las cifras de ambas estimaciones son muy similares, contrariamente a las mediciones previas. Son datos positivos y se vinculan a una mejor situación del empleo y las remuneraciones y a las políticas de complemento fiscal de los ingresos autónomos de los hogares. Incidieron el aumento del sueldo mínimo, la Pensión Garantizada Universal (PGU), el Copago Cero en salud y los subsidios monetarios.
He escrito en otras partes que la medición de la pobreza depende sustancialmente de la definición que se utilice. Además, las encuestas de ingresos adolecen de sesgos por tratarse de montos autodeclarados, sin contrastación documental, que incluyen una subvaloración de los ingresos de los muy ricos, así como una eventual sobrevaloración de los ingresos de otras familias para mostrar un estatus mayor ante los encuestadores, lo que a su vez puede ser contrarrestado y compensado por subvaloraciones por temor a las autoridades tributarias, sesgos que son de difícil estimación. Las encuestas de ingresos son un instrumento imperfecto, pero no se dispone de otro mejor (en Chile existe además la encuesta anual de ingresos de los ocupados del INE, con un universo más restringido) y en todo caso permiten evaluar tendencias en el tiempo, que en este caso son positivas.
En Chile se mide la pobreza por ingresos desde 1987 con controversias sobre el cálculo de la línea de pobreza. El actual gobierno decidió actualizar la metodología y ajustarla a estándares más exigentes. El método de contraste entre los ingresos de las familias y el valor de una canasta de consumo considerada básica -a partir de un múltiplo del costo de adquirir alimentos, lo que se empezó a hacer en Estados Unidos en los años cincuenta del siglo pasado- lleva a establecer un umbral que separa a quienes son considerados pobres (o extremadamente pobres) y quienes no lo son. Los principales cambios incluyeron ahora una nueva canasta básica de alimentos basada en criterios de alimentación saludable, la eliminación del “alquiler imputado” como ingreso ficticio de los hogares y la incorporación de líneas de pobreza diferenciadas para quienes arriendan su vivienda y quienes no. En 2012, una Comisión Asesora Presidencial para la Actualización de la Medición de la Pobreza había actualizado la metodología de la canasta de alimentos e incorporó la medición de la pobreza multidimensional como un indicador complementario. En diciembre de 2023, el gobierno conformó una nueva Comisión Asesora Presidencial de Expertos y Expertas para la Actualización de la Medición de la Pobreza, la que en julio de 2025 entregó sus recomendaciones.
Cabe hacer notar que las mujeres presentan una tasa de pobreza más alta que la de los hombres (18,6% versus 16,0%), especialmente las mujeres jefas de hogar. Se resalta que la tasa de pobreza es mayor en la niñez, pero eso deriva de que los hogares pobres tienen más hijos en promedio. A su vez, la tasa de pobreza de los nacidos fuera de Chile registró un 23,4%, equivalente a casi 400 mil personas, cifra menor al 25,6% de 2022 y al 34,4% de 2020.
Un factor asociado significativamente a la pobreza es la participación en el trabajo. La tasa de ocupación para quienes son pobres es de 35%, mientras que para los que están fuera de la pobreza es de 62%. La tasa de desocupación es cerca de tres veces más alta en el caso de los pobres. En 2017, el ingreso del trabajo promedio para el 10% más pobre era de $130.711, en 2024 fue de sólo $52.557 en pesos constantes, con una caída de 60%. El segundo y el tercer decil también presentan una caída, pero menos notoria.
Como recalca Silvia Eyzaguirre, si no fuera por los subsidios la pobreza sería de 25% y no de 17% y es una buena noticia que los subsidios del Estado estén bien focalizados y permitan reducir de forma importante la pobreza. El 68% de los subsidios se concentra en el 40% más pobre del país y el 10% más pobre recibe un cuarto de los subsidios. Pero un desafío crucial es aumentar la empleabilidad de los segmentos más pobres, mediante más eficaces programas de formación de adultos y de reinserción en el empleo para los cesantes de larga duración, junto a la mantención de niveles suficientes de demanda agregada para acercarse al pleno empleo.
Con la metodología de 2013, la pobreza habría marcado un mínimo histórico de 4,9%, una cifra cercana a la actual categoría de pobreza severa, que afecta a los hogares que sufren tanto la pobreza de ingresos como la pobreza multidimensional, segmento que bajó de un 7,8% a un 6,1% de la población entre 2022 y 2024. El Banco Mundial también está cambiando sus metodologías y define ahora una línea de pobreza alta de US$ 8,30 diarios por persona, además de la línea internacional de pobreza de US$ 3,00, para dar cuenta de los mayores estándares de vida. El cálculo para Chile es de un 5,7% de la población con la encuesta CASEN de 2022, inferior a la de la pobreza severa del nuevo criterio nacional. Según el Banco Mundial, el dato para Argentina es de 15,2%, para Brasil de 23,4%, para Perú de 36,2 y para Colombia de 37,6%.
Este valor de US$ 8,30 corresponde a la línea de pobreza típica de los países de ingreso medio alto, es decir, el monto mínimo estimado que las personas en estos países necesitan para cubrir sus necesidades básicas diarias, incluyendo alimentación, vestimenta, vivienda, atención de salud, educación, entre otras, ajustado por paridad de poder adquisitivo. Las líneas de pobreza nacionales suelen ser más altas en países ricos, donde se aplican estándares más exigentes, que en países pobres. La línea original de US$ 1 al día (en precios de 1985) fue elegida porque reflejaba las líneas de pobreza típicas de los países de bajos ingresos en ese momento. Con el tiempo, esta línea se ha actualizado para reflejar cambios en el costo de vida global. La última actualización ocurrió en septiembre de 2022, cuando se adoptó la línea de US$ 3,00 diarios usando las PPP de 2021, de US$ 4,20, típica de países de ingreso medio bajo, y de US$ 8,30, típica de países de ingreso medio alto. Estos cambios tratan de abordar la falta de datos oportunos y comparables, problemas de calidad en las encuestas de hogares (errores de medición, capacitación de encuestadores, diferencias en cuestionarios), la dificultad para medir ingresos y que el consumo suele reflejar mejor el nivel de vida, pero no siempre está disponible, problemas de comparabilidad por el peso distinto de bienes de autoconsumo y producción propia y métodos distintos de valoración del consumo en especie. Chile es clasificado por el Banco Mundial entre los países de ingresos altos porque su ingreso nacional bruto per cápita supera el umbral de esta categoría (USD 13.935).
La metodología de pobreza multidimensional parece ser la que mejor captura el fenómeno, pues se remite a dimensiones distintas a los ingresos monetarios. Fue propuesta por Alkire y Foster y adoptada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Este índice identifica carencias a nivel de los hogares. Utiliza microdatos de encuestas de la situación social de los hogares y cada miembro de una familia es clasificado como pobre o no pobre en función del número de carencias que experimente su hogar. Estos datos se agregan para conformar el indicador de la pobreza multidimensional. El índice refleja tanto la prevalencia de las carencias como su intensidad; es decir, cuántas carencias sufren las personas al mismo tiempo, y ofrece un complemento a las herramientas de medición de la pobreza basadas en los ingresos. En el caso de Chile, se han sumado a los indicadores de educación, salud, trabajo-seguridad social, vivienda- entorno, los que describen redes y cohesión social, y en este informe la conectividad digital y las necesidades de cuidado.
La distribución de ingresos
La encuesta CASEN, al registrar los ingresos autodeclarados de las familias, también permite una aproximación a la distribución de los ingresos monetarios, que en este caso reflejó una disminución leve de la desigualdad. Al cabo de más de tres décadas desde la recuperación de la democracia, Chile sigue exhibiendo una concentración económica elevada. La situación inicial de alta desigualdad y de distribución regresiva del ingreso hacia 1990 fue producto de la fuerte recomposición estructural de los activos en el período de la dictadura de 1973-1989, en que se produjeron sucesivas oleadas de privatizaciones. La restauración patrimonial oligárquica revirtió los procesos previos de reforma agraria y nacionalización del cobre de 1967-73 y de conformación de un área estatal industrial y de distribución en 1971-73. El nivel de concentración de los activos productivos y en los mercados de bienes y factores se mantiene estructuralmente elevado, mientras el tipo de inserción internacional induce una búsqueda de competitividad en bajos salarios y en el acceso a bajo costo a recursos naturales antes que en la innovación productiva (Solimano, 2012; Titelman, 2018; Sturla et al., 2018; Martner, 2024).
El método de medición más utilizado, el índice de Gini de los ingresos disponibles-que se sitúa entre 0 y 1 según el grado de desigualdad- muestra una disminución entre 2022 y 2024: pasó de 0.47 a 0.46 y es el más bajo desde 1990, cuando alcanzaba a 0.57 según el Banco Mundial. Otro método de cálculo es el del coeficiente de Palma, que también mejoró levemente en la medición reciente: el ingreso monetario del 10% más rico superaba a aquel sumado del 40% más pobre en 1,9 veces en 2022 y lo hizo en 1,8 veces en 2024.
El coeficiente de Gini mide la desigualdad total de una distribución (ingresos, consumo o riqueza) considerando a todos los individuos. Resume la diferencia entre el porcentaje acumulado de una variable (ingresos, consumo o riqueza) y el porcentaje acumulado de la población: cuanto más se aleja de la diagonal de igualdad perfecta (que expresa gráficamente que el 1% de las personas tiene el 1% del ingreso, el 2% de las personas tiene el 2% del ingreso y así sucesivamente) mayor es la desigualdad. El coeficiente resultante en la llamada curva de Lorenz da lugar a un índice cuando es normalizado a un valor entre 0 (perfecta igualdad) y 1 (perfecta desigualdad), pero no refleja bien lo que ocurre entre los grupos extremos. Con un mismo valor del coeficiente, la relación entre el 10% más rico y el 10% más pobre de la población puede variar por un factor de 12, o bien el ingreso del 1% más rico por un factor superior a 16 (Osberg, 2017). Por ejemplo, si el 50% de la población no tiene ingresos y la otra mitad tiene individualmente los mismos ingresos, el coeficiente de Gini será de 0,5. Se encontrará el mismo resultado con una distribución menos desigual, por ejemplo con un 75% de la población que obtiene el 25% de los ingresos de manera igualitaria y con el 25% restante de la población que obtiene del mismo modo el 75% restante del ingreso. Dos países pueden tener el mismo Gini, pero en uno la desigualdad puede situarse en los más ricos y en otro entre los pobres y muy pobres y el índice no lo distingue.
Considerar únicamente en el índice de Gini puede oscurecer la percepción de cambios en el impacto redistributivo del sistema de impuestos y transferencias. Diversos autores complementan el uso de este índice agregado de la desigualdad con un examen directo de los segmentos de la distribución del ingreso y la relación entre ellos. El coeficiente de Palma, llamado así por los trabajos del economista chileno José Gabriel Palma, considera la relación de ingresos promedio del 10% más rico y del 40% más pobre. Lo hace a partir de la observación según la cual se produce una participación relativamente estable en el ingreso total del adicional 50% intermedio de la distribución en la mayoría de los países del mundo que realizan encuestas de ingresos de los hogares. Una distribución igualitaria de los ingresos daría lugar a un coeficiente de 0,25, mientras valores superiores reflejarán una desigualdad entre estos grupos polares de la distribución. Según los datos de la OCDE, con un mismo índice de Gini, Grecia tiene un coeficiente de Palma de 1,2 y Bélgica uno de 0,9, lo que ilustra la imprecisión del primero y una subestimación de la desigualdad de ingresos, en este caso la de Grecia. A su vez, Grecia muestra un índice de Gini de ingresos disponibles de 0.26 y Corea del Sur uno de 0.32, pero comparten el mismo coeficiente de Palma, por lo que su situación distributiva puede considerarse equivalente, aunque no lo refleje así el índice de Gini.
En la comparación internacional, de acuerdo a la OCDE (con datos de un grupo de países entre 2017 y 2023), el coeficiente de Gini del ingreso disponible más elevado es el de 0.62 para Sudáfrica, con encuestas menos recientes. En una posición intermedia se sitúa Chile, con un coeficiente en 2022 de 0.45, similar al de Brasil, mientras es de 0.40 en México y en Estados Unidos. Baja a niveles de 0.30 en Canadá y países europeos como Francia y Alemania, a 0.29-0.26 en países como los escandinavos, Países Bajos, Polonia y Austria, a 0.25 en Bélgica, a 0.24 en Chequía y a 0.21 en Eslovaquia. Por su parte, el coeficiente de Palma, también medido por la OCDE, y que difiere del cálculo oficial chileno por variantes metodológicas, muestra hacia 2022 un registro de 6,9 en Sudáfrica, de 2,5 en Brasil, de 2,4 en Chile, de 1,9 en Brasil y de 1,8 en Estados Unidos, mientras catorce países europeos presentaron uno igual o inferior a uno, siendo también Eslovaquia el país menos desigual en esta medición, con un índice de Palma de 0,7. Recordemos que una distribución perfectamente igualitaria se traduciría en un coeficiente de 0,25.
La OCDE calcula, además, la variación de la desigualdad antes y después de la aplicación de impuestos y transferencias en dinero, sin incluir las transferencias en servicios gratuitos. La capacidad redistributiva en Chile es muy baja, de unos 4,6 puntos de Gini en 2022, en comparación con la alta redistribución que se traduce en 24,0 puntos menos de Gini respecto a los ingresos de mercado en Finlandia; 23,2 en Bélgica; 21,8 en Francia; 20,3 en Austria; 20,0 en Eslovaquia; 18,5 en Polonia; 18,4 en Italia y Portugal; 18,3 en Alemania o 17,5 en Japón, siendo de 15,5 en el Reino Unido y de 11,2 en Estados Unidos.
Otra medición de la desigualdad es la realizada por los autores que han inspirado el
World Inequality Lab. El hallazgo más llamativo de la investigación sobre la desigualdad de ingresos en las últimas décadas ha sido el creciente porcentaje del ingreso total que va a parar a las personas situadas en la parte superior de la distribución (Atkinson y Piketty, 2007). Las encuestas de ingresos siguen de cerca las participaciones hasta un cierto punto, pero no la de los tramos más altos. Pueden no captar adecuadamente los ingresos en la parte superior de la distribución por las dificultades que enfrentan las encuestas para captar a un grupo pequeño de la población, junto con problemas de no respuesta y subdeclaración en el grupo de altos ingresos. Las encuestas de hogares puedan medir incorrectamente tanto los niveles de desigualdad como sus tendencias a lo largo del tiempo.
Un elemento clave de la literatura sobre los “ingresos en la cúspide” ha sido el uso de datos administrativos de impuestos sobre la renta. El impacto de la no respuesta y de la subcobertura entre los perceptores de altos ingresos busca ser subsanado con los datos de distribución de los pagos de impuesto a la renta de los distintos países en que están disponibles y se combinan con los extraídos de las encuestas nacionales de ingresos y las cuentas nacionales. Se utiliza para aproximarse a la concentración del ingreso los datos antes de impuestos en el 1% (y menos, como el 0,01%, cuando la información lo permite) y el 10% más rico de la distribución (dato que también presenta el Banco Mundial).
La medición de desigualdad realizada según el criterio de concentración del ingreso antes de impuestos en el 1% más rico de la distribución, estimada por el World Inequality Lab, indica que Chile se sitúa en un lugar superior al promedio de América Latina y al de África y en la posición 11 en el mundo, entre los países que cuentan con datos, después de Maldivas, Mozambique, República Centroafricana, México, Camboya, Myanmar, Angola, Perú, Bahrein y Rusia.
La información de tendencia que se reseña en el cuadro adjunto presenta los diversos indicadores de distribución del ingreso entre 1990 y 2022 (y 2024 para los datos emitidos por el Gobierno de Chile), obtenidos a partir de las encuestas de ingresos de los hogares de Caracterización Socio-Económica Nacional (CASEN) encargadas por el gobierno. A partir de la misma encuesta, los órganos oficiales y diversas instituciones internacionales como la CEPAL, el Banco Mundial y la OCDE, usan sus propias metodologías de cálculo (para más detalles ver Martner, 2018) y los resultados varían, aunque no la tendencia general.
El índice de Gini, en la medición del Banco Mundial, pasó en Chile de 0,57 en 1990 a 0,53 en 2000, a 0,47 en 2011 y a 0,43 en 2022. Las mediciones de la CEPAL, del PNUD y del gobierno de Chile son algo distintas, pero muestran una evolución similar, lo que también ocurre con la estimación de la OCDE desde 2009. El coeficiente de Palma mostró también un alto valor inicial en 1990 (el ingreso del 40% más pobres era superado en 4,7 veces por el del 10% más rico), el que disminuyó hacia el año 2000 a 3,7, luego a 2,7 en 2011 y a 2,4 en 2022, siguiendo la serie de datos de la OCDE, con un deterioro en la crisis de 2020 y una posterior recuperación y reducción.
El indicador de la participación del 10% más rico en el ingreso total del Banco Mundial pasó, por su parte, desde la muy alta cifra de 47,1% del total en 1990 a una de 42,6% en 2000, de 37,9 en 2006 y a 34,5% en 2022. Las estimaciones del indicador de concentración del ingreso antes de impuestos en el 10% más rico realizadas por el World Inequality Lab, señalan que pasó de 62,5% en 1990 a 67,1% en 2011 y a 59,0% en 2020-22. Por su parte, Larrañaga, Echecopar & Grau (2022) reconsideraron la participación del 10% de ingresos más altos y calcularon que fue de 18 puntos porcentuales mayor en 2003-2017 que lo estimado por la encuesta oficial CASEN. Realizan correcciones a los ingresos del capital con datos que provienen de las cuentas nacionales y de registros administrativos de impuestos. Sus resultados muestran incrementos de la desigualdad de ingresos entre 2003 y 2011 y disminuciones posteriores, medidas por el índice de Palma.
En el mismo sentido, las estimaciones del indicador de concentración en el 1% más rico de los ingresos del World Inequality Data Base, que recurre a datos complementarios de impuestos en Chile a partir del trabajo de Flores et al. (2019), señalan que alcanzó un 30% del ingreso nacional antes de impuestos en la década de 1990, luego un máximo de 35% en 2006, un 30% en 2019 y una disminución posterior a un 27% hacia 2022.
En suma, entre 1990 y 2024 se ha evidenciado una tendencia a una mejoría distributiva, pero la desigualdad de ingresos permanece en niveles comparativamente elevados, por debajo de los más altos pero muy por encima de los más bajos en el mundo.
Referencias
Atkinson, A.B. & Piketty, T. 2007. Top Incomes over the Twentieth Century: AContrast Between European and English-Speaking Countries. Oxford University Press.
Flores, I.; Sanhueza, C.; Atria, J. & Mayer, R. 2019. “Top incomes in Chile: A historical perspective on income inequality, 1964–2017. Review of Income and Wealth. DOI: 10.1111/roiw.12441.
Larrañaga, O.; Echecopar, B. & Grau, N. 2022. Una nueva estimación de la desigualdad de ingresos en Chile. Estudios Públicos 167, 45-76 DOI: https://doi.org/10.38178/07183089/1229210914.
Martner, G.D. 2024. La evolución de largo plazo de la economía chilena y los desafíos socioambientales. En Nuevo modelo de desarrollo: diálogos para una propuesta inclusiva, de futuro justo y sostenible para Chile, 114-148. Heinrich Böll Stiftung.
Martner, G.D. 2018. “Las desigualdades globales y la atenuación de la desigualdad de ingresos en Chile, 1990-2015”, Reforma y Democracia, 71, junio 2018.
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Osberg, L. On the limitations of some current usages of the Gini Index. 2017. Review of Income and Wealth, 63 (3), 574-584.
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Solimano, A. 2012. Chile and the Neoliberal Trap, The Post-Pinochet Era. Cambridge University Press.
Sturla, G; López, R.E; Accorsi, S.& Figueroa, E. 2018. “La riqueza regalada a la gran minería del cobre en Chile: nuevas estimaciones, 2005-2014”. Revista de la CEPAL 124.
Titelman, E. 2018. El crecimiento y la distribución del ingreso en la economía chilena posdictadura. Políticas Públicas, 11(2), 4-20. https://www.revistas.usach.cl/ojs/index.php/politicas/article/view/3640.
World Inequality Lab. 2026. World Inequality Report. https://wir2026.wid.world/.


