La economía chilena en el primer trimestre de 2026
Una caída del PIB de 0,3%
Según las cuentas nacionales publicadas el 18 de mayo por el Banco Central, la variación del Producto Interno Bruto (PIB) del primer trimestre del año 2026 fue de -0,5% respecto al mismo trimestre del año anterior y de -0,3% respecto al último trimestre de 2025, en este último caso en términos desestacionalizados. Este resultado es algo peor que el -0,2% estimado preliminarmente a través del Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec).
El PIB del cuarto trimestre del año 2025 había presentado una reactivación con un crecimiento de 0,5% en términos desestacionalizados respecto al tercer trimestre. Este desempeño se compara con el aumento de 1,1% en el primer trimestre, de 0,3% en el segundo y de -0,3% en el tercero, siempre respecto al trimestre previo. Como resultado, el crecimiento de 2025 fue de un 2,5% anual.
En una perspectiva temporal más amplia se puede reseñar que la actividad venía a muy buen ritmo al finalizar 2021 en la salida de la pandemia, fruto de la fuerte expansión de la demanda, pero las políticas monetaria y fiscal crecientemente contractivas frente a la inflación, primordialmente de origen externo, llevaron a una recesión (dos trimestres seguidos de caída de la actividad) en la segunda parte de 2022. Esta fue seguida de un rebote en 2023 y 2024 (con la excepción del segundo trimestre de ese año), gracias a la política fiscal y a una cierta relajación de la política monetaria, y a oscilaciones en 2025, con un buen inicio que decayó en los trimestres siguientes para luego recuperarse al finalizar el año. Se registra ahora un nuevo quiebre recesivo en el primer trimestre de 2026.
La demanda agregada (la suma del gasto en consumo de los hogares y del gobierno, de la formación bruta de capital y de las exportaciones netas de importaciones) es la que empuja la economía en el corto plazo. Así, la variación del PIB en el primer trimestre de 2026 en términos desestacionalizados respecto al trimestre anterior -indicador que permite un mejor seguimiento de la coyuntura que la comparación con el mismo período del año previo- se explica por el impacto a la baja de la inversión (-3,8% medida como formación bruta de capital fijo), especialmente en maquinaria y equipo (-8,1%) y en parte en construcción y obras (-0,5%), así como de las exportaciones netas en términos reales. La expectativa de la llegada de un nuevo gobierno desregulador y “favorable a la inversión privada” no produjo, al menos en esta etapa, efectos positivos. La formación bruta de capital se había recuperado fuertemente en 2025 respecto a los años previos por mayores compras de maquinaria y equipos (aumentó en 8,9%). Este flujo de demanda representó un 24% del PIB en 2025.
El consumo de los hogares, que suma un 57% del PIB, y el de gobierno, que suma otro 15%, impidieron una caída mayor en el primer trimestre. El primero creció en 1%, siempre en términos desestacionalizados respecto al trimestre previo, destacando el aumento del gasto en servicios de 1,5%, especialmente en salud. En tanto, el consumo del gobierno creció en un 7,2%, dado un mayor gasto en salud pública y educación por mayor asistencia escolar y matrícula universitaria.
En el caso de la demanda externa, las exportaciones (35% del PIB en 2025, a comparar con el máximo de 45% en 2007) fueron superiores a las importaciones (30% del PIB en 2025, a comparar con el máximo de 40% en 2022). Tuvieron una incidencia neta positiva en el PIB nominal del primer trimestre de 2026: alcanzó un 7,6% del mismo, a comparar con un 6,5% en el trimestre previo. Esto se debe a un efecto precio: los términos del intercambio, que en Chile reflejan básicamente la relación de precios del cobre y el petróleo, aumentaron favorablemente. No obstante, descontando ese efecto precio, se contrajeron las exportaciones netas de importaciones medidas en volumen a precios del año anterior encadenado (con referencia de 2018). En esta medición de volumen, las exportaciones resultaron menores a las importaciones. Las primeras disminuyeron en el primer trimestre en términos reales en -4,2% y las segundas lo hicieron en -1,7%. El efecto de menores exportaciones netas reales se sustrajo del volumen de la demanda interna (que creció en 0,7%, dado que el aumento del consumo compensó la caída de la inversión), lo que explica que el PIB agregado haya disminuido en el reseñado -0,3% en el primer trimestre de 2026.
Los crecimientos sectoriales en el primer trimestre de 2026 -siempre desestacionalizados y respecto al trimestre anterior- fueron solo los de la electricidad, gas, agua y gestión de desechos (2,0%) en la producción de bienes, y los de restaurantes y hoteles (1,2%), los financieros (1,7%%), los de vivienda (0,1%) y los personales de salud y educación (1,0%), en el caso del suministro de servicios. En cambio, el PIB fue lastrado a la baja por la agricultura y silvicultura (-2,9%), la pesca (-4,2%), la minería (-1,3%), que viene bajando su producción desde 2018, la industria manufacturera (-0,5%) y la construcción (-0,4%) en la producción de bienes, así como el comercio (-1,4%), el transporte (-0,1%), los servicios empresariales (-0,8%) y la administración pública (-0,6%), con las comunicaciones estancadas, en el suministro de servicios.
El ingreso nacional bruto disponible real anual presentó un crecimiento de 4,3%, en contraste con la caída del PIB, lo que se explica por el efecto positivo de los términos del intercambio. Este es un indicador poco comentado pero de gran relevancia, y se diferencia del PIB en que considera los flujos netos de ingresos y salidas del país de las remesas del trabajo de inmigrados y emigrados, así como las repatriaciones netas de utilidades del capital, mientras lo ajusta por la variación de la capacidad de compra de las exportaciones (cada cantidad exportada compró más cantidades importadas, básicamente por la relación entre los precios del cobre y del petróleo). El ingreso nacional medido de esta manera es menor al PIB en Chile, dado el peso de la repatriación de utilidades originada en la inversión extranjera en minería y servicios financieros: fue un 5,7% inferior al PIB en el primer trimestre.
El ahorro externo fue de 1,9% del PIB, correspondiente al déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Las reservas internacionales del Banco Central de Chile aumentaron, por su parte, en 2,4% en el trimestre respecto al anterior.
A esta evolución coyuntural no es ajena la política fiscal y monetaria. El déficit fiscal en el primer trimestre de 2026 fue equivalente al 0,6% del PIB estimado para el año y en 2,8% del PIB en 12 meses, por lo que se ubicó en niveles similares a los de 2024 y 2025. Este es todavía un período previo al ajuste fiscal anunciado por el nuevo gobierno por 4 mil millones de dólares, un 1,3% del PIB, el que tendría un efecto contractivo en la actividad, salvo que sea contrarrestado por la aplicación rápida de las rebajas tributarias también anunciadas.
Entre los principales factores que siguen induciendo efectos de menor dinamismo en la producción se cuenta la persistencia de efectos difusos sobre diversos sectores productivos de una política monetaria restrictiva prolongada. La tasa de política monetaria había llegado, luego de fuertes aumentos a partir de marzo de 2022, a una cifra tan elevada como el 11,25% entre noviembre de 2022 y julio de 2023. Fue rebajada por etapas desde entonces y llegó al 5,0% en diciembre de 2024 y al 4,5% en diciembre de 2025, sin modificaciones desde entonces, lo que afecta a las actividades sensibles al costo del crédito, es decir prácticamente todas con excepción de los servicios públicos. A pesar de cifras de inflación alineadas con la meta de 3% anual en un horizonte de 24 meses, este es un nivel restrictivo, por encima del nivel llamado “neutral” estimado en 4%, es decir aquel que teóricamente mantendría el crecimiento cerca de su potencial sin acelerar la inflación. El Consejo del Banco Central no estuvo dispuesto a acelerar los recortes que aconsejaba la evolución de la coyuntura, con una inflación básicamente controlada, y menos lo hará ahora con el empuje de la inflación de costos de origen importado. La suma del contexto internacional incierto y de los ajustes fiscales y de la política monetaria aún restrictiva permiten proyectar con cierta certeza que el crecimiento del PIB en 2026 será inferior al 2,5% de 2025.





