Kast y el conocimiento
El hoy presidente de Chile Kast declaró insólitamente el 6 de mayo lo que sigue:
Hagámosle un seguimiento a todos los recursos que se han entregado en los centros de educación y veamos cuál es el resultado de esos recursos que hemos entregado, y se van a sorprender...A veces 100 millones, 500 millones, para una investigación que termina en un libro precioso, empastado, en la biblioteca. ¿Cuántos trabajos generó? Ninguno.
¿Desde cuando los recursos entregados a centros de educación tienen por objeto crear directamente empleos? Sin embargo, son indispensables para expandir a lo largo del tiempo las capacidades productivas y el bienestar de las sociedades y las personas.
¿Qué dirían los grandes pensadores como Aristóteles, Descartes, Kant, Newton o Einstein, que escribieron libros y textos que no estaban destinados a crear empleos pero cambiaron la compresión del mundo y también su capacidad de prosperar ¿Habrá escuchado Kast hablar de la economía del conocimiento? ¿O de la innovación que proviene de crear nuevas perspectivas e interpretaciones, paso a paso, que terminan en incrementos de los recursos materiales y culturales a disposición de los seres humanos? ¿De países inicialmente pobres -con o sin recursos naturales abundantes- pero que al promover el conocimiento y la ciencia básica y aplicada, terminan despegando y sobresaliendo?
Esto va contra todo lo que se sabe sobre las causas de los aumentos de la prosperidad de las sociedades. Sin ir más lejos, Joel Mokyr recibió el premio Nobel de economía en 2025 por sus trabajos en los que sostiene que el crecimiento moderno se explica ante todo por la expansión y aplicación del conocimiento que permite dominar la naturaleza y producir bienes y servicios de manera más eficiente. El crecimiento sostenido nace cuando una sociedad logra conectar ciencia, técnica e innovación de forma acumulativa. Mokyr distingue dos tipos de conocimiento:
- el “conocimiento proposicional”, es decir saber por qué ocurren las cosas mediante teorías y principios científicos y su aplicación a la ingeniería, química, física o medicina.
- el “conocimiento prescriptivo”, es decir saber cómo hacer cosas mediante técnicas productivas, máquinas, procedimientos, oficios, métodos de producción.
El desarrollo moderno ocurre cuando ambos se retroalimentan: la ciencia mejora la técnica, y la práctica productiva genera nuevos problemas que estimulan nueva ciencia. La revolución industrial no fue solo una acumulación de capital o una cuestión de incentivos de mercado, sino una transformación histórica en la manera de producir, almacenar, difundir y aplicar conocimiento. Por ello, Mokyr considera que el gran salto moderno fue la creación de una “economía del conocimiento” antes de la economía industrial propiamente tal.
La Ilustración, al salir una parte de la humanidad de las tinieblas de la Edad Media, mejoró la conexión entre conocimiento proposicional y prescriptivo, acelerando la acumulación de conocimiento útil que circulaba por distintas partes del mundo. En su texto “A Culture of Growth”, Mokyr da mucha importancia a la cultura del progreso. La Europa moderna, especialmente entre los siglos XVI y XVIII, desarrolló una actitud nueva: la creencia de que la naturaleza podía ser comprendida y puesta al servicio del bienestar humano. Esa cultura estimuló la experimentación, la crítica de la autoridad, la medición, la reproductibilidad y la circulación de ideas.
También subraya el papel de las instituciones, como también lo hace el Nobel de 2024, Daron Acemoglu, para ampliar la competencia técnica a través del saber artesanal, la educación, las redes científicas y la capacidad de difusión. Así, el crecimiento sostenido aparece cuando una sociedad convierte el conocimiento en una fuerza acumulativa de transformación productiva. No basta con tener capital, trabajo o mercados: se necesita una cultura e instituciones que produzcan, validen, difundan y apliquen conocimiento útil.
En la perspectiva de Joel Mokyr, las humanidades cumplen un papel importante, aunque indirecto, en el crecimiento económico: no producen crecimiento por sí solas como una máquina, una patente o una inversión física, pero crean el ambiente cultural, institucional e intelectual que permite que el conocimiento científico y técnico se acumule, circule y se aplique productivamente. El crecimiento moderno no nace solo de “más ciencia” o “más capital”, sino de una cultura del conocimiento que incluye creencias, valores y preferencias sociales que modifican el comportamiento: apertura a la crítica, tolerancia frente a ideas heterodoxas, confianza en la razón, valoración del progreso y disposición a investigar la naturaleza.
En Chile se necesita de esa cultura del conocimiento, lo que supone fortalecer centros de formación científica avanzada y apoyo público a la investigación de alto nivel para estar suficientemente al día del conocimiento contemporáneo y lo más cerca posible de su frontera, y realizar o co-realizar investigación pertinente sobre el funcionamiento de la sociedad y las instituciones y la optimización de uso de los recursos disponibles en diferentes áreas, especialmente en productos y procesos de agregación de valor que contribuyan a la diversificación de la economía y su inserción en sus cadenas más dinámicas. Esto incluye, entre otras áreas, la biotecnología, las baterías, el hidrógeno verde, la electromovilidad y la geotermia y los servicios de ingeniería minera.
Esto es lo que Kast no entiende. Así va la extrema derecha con su pedestre falta de valoración del mundo de la ciencia, la educación, las ideas, la creación intelectual, la cultura, que son los principales legados de la aventura humana y el soporte de las ampliaciones de una posible prosperidad compartida en Chile, por el momento en el futuro, es decir una vez que el oscurantismo haya vuelto a retroceder.

