Explicaciones discutibles sobre la inflación y el crecimiento
Chile no está en ningún aspecto fundamental en una situación de emergencia, como sostiene el equipo de gobierno entrante, siguiendo la lógica de Trump en Estados Unidos y en general de las extremas derechas que buscan justificar gobiernos disruptivos. La inflación está bajo control, la economía y el empleo crecen, la tasa de homicidios está en declinación, no hay desbordes migratorios recientes en las fronteras y la transición política democrática de un gobierno a otro sigue un curso normal. Se han develado una serie impactante de situaciones de corrupción y tráfico de influencias en el poder judicial e irregularidades importantes en Gendarmería, pero están siendo investigadas y en proceso de debida sanción.
Lo que es, en cambio, materia de debate fundado es si las cosas se pudieron haber hecho mejor bajo el gobierno que termina, lo que es una deliberación democrática del todo propia de los balances en un fin de etapa. El ministro de Hacienda, Nicolás Grau, tiene razón en destacar que la economía está funcionando de un modo que no le va a provocar problemas mayores al próximo gobierno y que los parámetros básicos son positivos, en medio de una baja de la pobreza y una leve disminución de la desigualdad de ingresos. Pero tampoco cabe dar por buenas políticas muy discutibles. Grau ha señalado en Radio ADN que en los primeros años el Gobierno estuvo “obligado” a crecer poco porque había que combatir la inflación:
es muy importante recordar qué significó para nosotros partir con una inflación al alza (…) cuando uno tiene una inflación que está creciendo de la manera que estaba creciendo la inflación cuando nosotros partimos como gobierno, eso significa, para decirlo en términos muy simples, que tú estás obligado a crecer poco en los años que vienen porque esa es la manera en que se baja la inflación. La inflación se baja principalmente con política monetaria, subiendo la tasa de interés y eso el Banco Central hizo lo correcto. Cuando tú subes la tasa de interés, lo que haces es que enfrías la economía; se consume menos, se desarrollan menos proyectos de inversión”… Por eso es que es tan costosa la inflación. La inflación cuesta en el momento que se produce; le cuesta a las familias. Y después le cuesta al Gobierno que le toque.
Los países vecinos, al enfrentar un brote inflacionario parecido de origen externo, crecieron más que Chile en el período reciente sin una inflación mayor. Esto se debe a que llevaron a cabo una política monetaria y fiscal más exitosa, como ya había sido el caso con la crisis de 2008-2009. Mientras en el trienio 2022-24 el PIB de Chile creció a un promedio anual de 1,9%, el de Colombia lo hizo en 3,7%, el de Brasil en 3,0%, el de Perú en 2,7% y el de Bolivia en 2,4%, con niveles de inflación relativamente similares. Incluso el PIB de Argentina, en medio de una fuerte crisis al borde de la hiperinflación y de turbulencias variadas que incluyeron una recesión en 2024, creció al 2,9% promedio en el mismo período.
El razonamiento de Grau no se hace cargo de errores de diagnóstico y de una política de sobreajuste monetario y fiscal notorio en 2022. Esta no tomó en cuenta suficientemente las necesarias distinciones sobre el origen interno o externo de la inflación y el carácter transitorio o no de la presión inflacionaria de demanda y/o de costos de 2021 y 2022.
La presión de demanda interna debió haber sido diagnosticada como transitoria y no permanente, pues se originó básicamente en el fuerte impacto en ingresos, consumo e importaciones de los retiros desde los fondos de pensiones. Pero estos ocurrieron en tres episodios acotados en sus efectos: una vez gastados los retiros, sus impactos en la demanda de consumo dejaron de existir. No son, en particular, de la misma naturaleza que los flujos permanentes de salarios que remuneran los empleos. A su vez, los precios externos de bienes subieron inicialmente por los cuellos de botella globales en la producción y el comercio exterior en la salida de la pandemia, pero luego se normalizaron (fue el caso de los fletes marítimos y de algunos insumos y bienes industriales). Más tarde, volvieron a subir por los fuertes aumentos de precios de combustibles y alimentos provocados por la guerra de Ucrania, precios que volvieron con cierta rapidez a sus niveles previos o a niveles inferiores.
Nada de esto se podía impedir o corregir deprimiendo la demanda interna en Chile. Hacerlo fue inútil desde el punto de vista de la inflación importada, pero en cambio impactó negativamente en la producción y el empleo. Justificar que el Banco Central pasara la tasa de interés política monetaria de 0,5% en diciembre de 2021 a 6,5% en marzo y a 11,25% en octubre de 2022 no resulta de un análisis adecuado, como lo es haber provocado un ajuste fiscal de 8% del PIB en un año, lo que no ocurrió en ninguna otra parte del mundo. El gobierno de Piñera II, después de haber creado un aumento desbocado de la demanda -que en todo caso permitió una recuperación económica sustancial en 2021- optó por programar una política de shock para 2022, como es usual en los economistas convencionales en su versión chilena, en vez de adoptar un enfoque de “aterrizaje suave”, como indicaba la prudencia y el buen análisis técnico.
El gobierno de Boric decidió aceptar poner a la cabeza del Banco Central a una persona poco vinculada a la política monetaria pero si a la oposición al nuevo gobierno, y por no corregir la política fiscal que le dejó Piñera en herencia. Es presumible que actuó así siguiendo aquella peregrina idea de que la izquierda en el gobierno necesita mostrar “credibilidad” asumiendo políticas ortodoxas equivocadas. Lo que se necesitaba era manejar la coyuntura conteniendo el brote inflacionario pero, a la vez, evitar las caídas de producción que se produjeron en los cuatro trimestres de 2022 y, como consecuencia, el rezago que se creó en la creación de empleo.
Dada la fuerte interpenetración de la economía chilena con la economía mundial, el aumento del ritmo de inflación se debió básicamente a la continua presión de costos por los aumentos de los precios externos de productos finales e insumos, especialmente de alimentos y combustibles, lo que se aceleró al iniciarse la guerra de Ucrania. Si bien hubo aumentos mensuales del IPC superiores al 1% en septiembre y octubre de 2021, esto se produjo en seis de los primeros ocho meses de 2022, siempre impulsados por los precios externos (ver el gráfico). La caída de la inflación a partir de diciembre de 2022 se debe, del mismo modo, a la baja de esos precios. Las fluctuaciones posteriores están, también, directamente vinculadas a sus variaciones.
Como resultado, los precios de los bienes y servicios sujetos directamente al comercio internacional fueron en diciembre de 2024 un 37,1% superiores a los de marzo de 2020, antes de la pandemia, a comparar con el 28,6% de aquellos que no son objeto de esas transacciones. La política económica doméstica puede atenuar en el tiempo las variaciones de algunos precios, como es el caso de los combustibles, y eventualmente subsidiarlos selectivamente. También puede limitar parcialmente las fluctuaciones del tipo de cambio mediante compra y venta de divisas por el Banco Central, mediante una fluctuación “sucia” del dólar, o eventualmente el uso de tablas de valores ajustables del tipo de cambio. Pero no puede aislar a la economía chilena de los procesos de la economía mundial.
Las causas del brote inflacionario de 2021-2022 fueron atribuidas por los economistas a cargo de la política exclusivamente al fuerte aumento del consumo de los hogares en los dos primeros trimestres de 2021, originados en los retiros de ahorros desde los fondos de pensiones que fueron autorizados por un sistema político desbordado ante la crisis pandémica. Pero cabe reiterar que este flujo de ingresos adicionales se produjo por una vez y sus efectos empezaron a atenuarse ya en el primer trimestre de 2022, antes de los desproporcionados aumentos de la tasa de interés por las nuevas autoridades del Banco Central. El consumo de los hogares había llegado en el cuarto trimestre de 2021 a un nivel un 27,3% superior al del primer trimestre de 2019. Pero ya en el primer trimestre de 2022 había bajado a un 17,4% de ese nivel inicial, mientras el brusco ajuste fiscal y monetario lo llevó en el primer trimestre de 2023 a un 8,1% del mismo, estancando inútilmente la economía e impidiendo una recuperación más rápida del empleo.
Entre tanto, la política de la FED en Estados Unidos y del BCE en Europa fue de aumentos prudentes de la tasa de interés de política monetaria para contener la inflación transitoria post pandemia y post guerra de Ucrania, así como eventuales excesos de demanda, política que logró evitar una recesión.


