Limitar el calentamiento global a 1,5 °C ya no es alcanzable
La COP 30 en Belem tiene el desafío de consolidar nuevos planes
Un estudio publicado el 19 de junio en Earth System Science Data, firmado por 61 científicos de 17 países, confirma la intensificación del calentamiento global y afirma por primera vez que el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C respecto a la era preindustrial, fijado en 2015 en el Acuerdo de París sobre el clima, “ya no es alcanzable”.
Por tercer año consecutivo, estos investigadores actualizan los principales indicadores del informe del Grupo de Trabajo 1 del IPCC (el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático es el organismo de las Naciones Unidas encargado de evaluar la ciencia relacionada con el cambio climático) publicado en 2021. “Nuestro trabajo permite llenar un vacío debido al retraso en la publicación de los informes del IPCC, ya que el próximo está previsto recién para finales de la década”, explica Aurélien Ribes, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Meteorológicas y coautor del estudio.
En 2024, el calentamiento alcanzó 1,52 °C por encima de los niveles preindustriales, superando por primera vez el umbral de 1,5 °C en un año completo. De ese total, 1,36 °C se atribuyen a actividades humanas. El resto se explica por la variabilidad natural del clima, especialmente el fenómeno de El Niño, que elevó las temperaturas globales, junto con océanos Atlántico Norte y Austral inusualmente cálidos. Frente al negacionismo climático, el estudio recuerda que los factores naturales, como los ciclos solares o la erupción del volcán Hunga Tonga en 2022, han tenido un papel mínimo.
Más gases de efecto invernadero significan más calor retenido en la atmósfera, lo que eleva las temperaturas. Actualmente, todos los indicadores están en rojo. Las emisiones de gases de efecto invernadero alcanzaron en 2023 el récord de 55 mil millones de toneladas de CO₂ equivalente, principalmente debido a la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y a la deforestación. Como consecuencia, las concentraciones de estos gases en la atmósfera siguen aumentando: la de CO₂ alcanzó las 423 partes por millón (ppm) en 2024, un 50 % más que en la era preindustrial y una cifra inédita en más de dos millones de años. Paralelamente, la lucha contra la contaminación del aire ha reducido los aerosoles como el dióxido de azufre, partículas con efecto refrigerante, “lo que deja aún más al descubierto el efecto de calentamiento de los gases de efecto invernadero”, añade Pierre Friedlingstein, director de investigación del CNRS en la ENS, citado por Le Monde.
El alza de temperaturas, que ahora avanza a un “ritmo sin precedentes” de 0,27 °C por década, provoca un aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos: olas de calor, sequías, inundaciones e incendios. También acelera el derretimiento de glaciares y casquetes polares, y el aumento del nivel del mar. Entre 2006 y 2024, los océanos se elevaron 3,91 mm por año, más del doble del ritmo observado desde 1901.
Uno de los resultados más destacados del estudio muestra que el presupuesto de carbono restante — la cantidad máxima de emisiones para mantener más del 50 % de probabilidad de limitar el calentamiento a 1,5 °C— está prácticamente agotado. Actualmente es de 130 mil millones de toneladas de CO₂, lo que equivale a solo tres años de emisiones al ritmo actual. “En realidad, es menos de tres años, porque el metano [uno de los 6 gases de efecto invernadero] sigue aumentando”, advierte Sophie Szopa, del Laboratorio de Ciencias del Clima y del Medioambiente, citada por Le Monde. “Este presupuesto se agotará pronto, de manera inevitable. No es una cuestión física, sino de la inercia de nuestras sociedades: sabemos que no alcanzaremos la neutralidad de carbono ni en los próximos años ni en esta década.” El umbral de +1,5 °C podría consolidarse hacia finales de la década.
El presupuesto de carbono para no superar los 2 °C se sitúa en 1.050 mil millones de toneladas de CO₂, equivalente a 25 años de las emisiones previstas. Entretanto, “las emisiones de gases de efecto invernadero no disminuyen y la transición ecológica es atacada en numerosos países”, agrega el climatólogo Christophe Cassou, citado por Le Monde. Pero espera que esta toma de postura “lúcida” no desemboque en un “catastrofismo”. El Acuerdo de París, que fija como meta limitar el calentamiento por debajo de los 2 °C y, si es posible, a 1,5 °C, “no está muerto”, defiende. “Sigue siendo el marco general de la acción y de las negociaciones climáticas.”
El objetivo que se ha fijado la presidencia de la 30ª Conferencia de las Partes sobre el Clima (COP30), que se celebrará en noviembre en Belém (Brasil), es acelerar la lucha contra el cambio climático y reforzar el multilateralismo. Aumentar la acción climática está en el centro de las negociaciones intermedias de Bonn (Alemania), del 16 al 26 de junio, que preparan la COP30. Estas negociaciones técnicas y procedimentales no concluirán con decisiones formales. Pero serán importantes para ver en qué temas los países están dispuestos a avanzar, dado que la COP29 en Bakú (Azerbaiyán) terminó a fines de 2024 con una fuerte división y un acuerdo frustrante para los países del Sur por la falta de apoyo suficiente. El principal reto en Bonn es restablecer la confianza.
En la COP29, los países desarrollados se comprometieron a entregar 300 mil millones de dólares anuales a los países en desarrollo para financiar su transición climática hasta 2035, una cifra muy inferior a lo que estos últimos exigían. En Bonn, los Estados deberán avanzar en la hoja de ruta denominada “de Bakú a Belém” para desbloquear una financiación más amplia de 1,3 billones de dólares, tanto públicos como privados.
El desafío de los países sigue siendo definir la ruta para aplicar los compromisos decisivos arrancados en la COP28 de Dubái (2023): dejar atrás las energías fósiles de forma “justa, ordenada y equitativa”, triplicar las energías renovables y poner fin a la deforestación. La salida de los fósiles debería plasmarse en los nuevos planes climáticos, pero por ahora pocos países se lo proponen, mientras Arabia Saudita o Rusia luchan por eliminar cualquier mención a la perspectiva de dejar atrás el carbón, el petróleo o el gas.
Según el Acuerdo de París, los países deben aumentar sus compromisos climáticos en 2025, cuando el acuerdo cumple 10 años. Las nuevas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), con horizonte 2035, deberían ser mucho más ambiciosas, ya que las políticas actuales llevan al planeta a un calentamiento de 3,1 °C a finales de siglo. A escala global, los planes de los Estados siguen siendo insuficientes: hasta ahora solo 22 países las han enviado a Naciones Unidas, y solo 5 son del G20 (los mayores emisores): Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Japón y Brasil. Esos planes solo permitirían reducir 1,4 mil millones de toneladas de CO₂ entre 2030 y 2035, cuando se necesitaba una reducción de 31 mil millones para mantener el calentamiento en 1,5 °C, según el World Resources Institute.
Faltan los planes de tres grandes emisores: la Unión Europea, China e India. La Comisión Europea debe presentar el 2 de julio su objetivo de reducción de emisiones para 2040 (que podría ser de –90 %), pero persisten fuertes divisiones entre los Estados miembros. China, el mayor emisor mundial, podría entregar su plan en septiembre, probablemente siguiendo la lógica de comprometerse poco, pero de superar sus propios objetivos, pues se ha transformado en la superpotencia de las tecnologías limpias. El fortalecimiento del esfuerzo de India podría verse obstaculizado por la falta de financiamiento climático.
Los negociadores también deberán definir mejor el marco del “objetivo global de adaptación”, uno de los artículos del Acuerdo de París, destinado a “reducir la vulnerabilidad al cambio climático”, mediante indicadores que midan los avances de los países. Y trabajarán sobre la “transición justa”, para llegar a acuerdos sobre cómo integrar principios de equidad en la descarbonización.
La presidencia brasileña ha organizado nuevos canales de diálogo y ha nombrado 30 enviados especiales para la COP30 y creado círculos de expresidentes de COP, líderes indígenas y ministros de finanzas para acelerar la acción. “Habrá que encontrar un punto de llegada común”, advierte Cintya Feitosa, del Instituto para el Clima y la Sociedad, en Brasil, citada por Le Monde. “De lo contrario, esta acción colectiva corre el riesgo de convertirse en una cacofonía.”

