El negacionismo climático de Trump
Los intereses petroleros en acción
El 23 de septiembre, Donald Trump calificó el cambio climático en su discurso ante la Asamblea General de la ONU como “el mayor fraude jamás perpetrado en el mundo (the greatest con job ever)”. También descalificó las energías renovables como supuestamente ineficientes y costosas, mientras criticó los esfuerzos internacionales para enfrentar el cambio climático, argumentando que dañan las economías.
En la conferencia climática de la ONU COP28, celebrada en 2023, se fijó el objetivo de triplicar la cantidad de energías renovables para mantener al alcance el límite de 1,5 grados Celsius de calentamiento en este siglo. Entre tanto, los costos de las tecnologías renovables han ido disminuyendo desde 2010 gracias a los avances tecnológicos y a las economías de escala. Esto explica que en 2024 se añadieran a nivel mundial 582 gigavatios de nueva capacidad de energías renovables (hidroeléctrica, solar, eólica y geotérmica), casi un 20% más que en 2023. La mayoría de la nueva energía renovable puesta en servicio es más rentable para la generación de electricidad que la mayoría de los combustibles fósiles, según un informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA): un 91% de los proyectos a escala de servicio público puestos en marcha fueron más rentables que las alternativas de combustibles fósiles. La energía solar fotovoltaica fue en promedio un 41% más barata que las alternativas fósiles de menor costo, como el gas, mientras que los proyectos de energía eólica terrestre resultaron ser un 53% más baratos. El informe agregó que el costo de los sistemas de almacenamiento de energía en baterías ha caído un 93% desde 2010.
Detrás de la acción del gobierno de Trump están los intereses de las empresas petroleras norteamericanas, importantes donantes de la campaña presidencial, que buscan frenar la transición a energías limpias, a pesar de su menor costo, y la sustitución de vehículos con motor de combustión por eléctricos. Esto se expresa también en la promoción por el gobierno estadounidense de sanciones para que Rusia cese de vender petróleo y gas a India y China y los países europeos terminen antes de lo programado sus compras a ese país a raíz de la invasión a Ucrania. Todas estas acciones apuntan a crear más mercados para la exportación de las empresas de petróleo y gas norteamericanas, desoyendo las recomendaciones de la ciencia en materia de cambio climático y sus efectos sobre las poblaciones humanas en beneficio de su interés comercial.
A nivel interno, la administración Trump había propuesto en julio rescindir la determinación de peligro ambiental que se remonta a 2009, cuando la Agencia de Protección Ambiental (EPA) concluyó que los gases de efecto invernadero que calientan el planeta representan una amenaza para la salud y el bienestar públicos, y por lo tanto deben regularse bajo la Clean Air Act. Las administraciones de Obama y Biden siguieron esa determinación para establecer límites estrictos a las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de automóviles, plantas de energía y otras fuentes industriales contaminantes. La propuesta es uno de los pasos más significativos de Trump para desmantelar los esfuerzos federales en materia climática. Las futuras administraciones no tendrían autoridad bajo la Clean Air Act para regular las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la quema de combustibles fósiles. La administración Trump intentó justificar esta medida sosteniendo que investigaciones posteriores a las publicadas por las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina, y que fundamentaron la decisión gubernamental de endangerment finding (determinación de peligro) que sustenta la autoridad legal del gobierno federal para controlar la contaminación que impulsa el cambio climático., habían “generado dudas significativas”.
La EPA de Trump citó, entre otras cosas, que las emisiones de gases de efecto invernadero de los vehículos en carreteras estadounidenses son solo una pequeña fracción del total global. La agencia también intentó contradecir la visión científica mayoritaria de que el cambio climático representa un riesgo significativo para la humanidad. Citó un informe encargado por el Departamento de Energía a un grupo de trabajo de cinco investigadores prominentes que disienten de la visión científica dominante sobre el cambio climático. Fueron seleccionados personalmente por el secretario de Energía Chris Wright y, aunque su informe reconocía que la Tierra se está calentando, sostenía que el cambio climático es “menos dañino económicamente de lo que comúnmente se cree.” En respuesta, un equipo de más de 85 científicos redactó una réplica de 439 páginas, afirmando que el análisis del Departamento de Energía estaba lleno de errores y de selección sesgada de datos para ajustarse a la agenda política del presidente. Pero el Departamento de Energía ha dicho que no tiene planes de retirar su informe.
Según la ley federal, la EPA debe solicitar comentarios públicos sobre su propuesta de revocar la determinación y luego debe responder a todos los comentarios recibidos. Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina son, de acuerdo a The York Times, un organismo no gubernamental que fue creado en 1863 por Abraham Lincoln para asesorar a la nación en cuestiones científicas y médicas. Este organismo emite alrededor de 200 informes al año sobre temas que van desde la física de partículas hasta la neurobiología.
La nueva evaluación de las Academias Nacionales publicada el 17 de septiembre contradice las afirmaciones de la administración de Trump. El informe elaborado por un comité de dos docenas de especialistas del principal organismo asesor científico de Estados Unidos detalla la evidencia más sólida hasta la fecha de que el dióxido de carbono, el metano y otros gases de efecto invernadero que calientan el planeta están amenazando la salud humana. Subraya que la determinación original era precisa y que “ha resistido la prueba del tiempo”. Afirma que ahora hay evidencia aún más sólida de que el aumento de los niveles de gases de efecto invernadero puede amenazar la salud y el bienestar públicos, pues la quema de combustibles fósiles y la deforestación están calentando el planeta y exacerbando una amplia variedad de riesgos para la salud. El informe señala riesgos directos como olas de calor extremas y aumento de la mortalidad por golpes de calor, deshidratación y enfermedades cardiovasculares; contaminación del aire, con más humo de incendios forestales y mayor concentración de ozono troposférico, que agrava enfermedades respiratorias, y eventos climáticos extremos como huracanes, inundaciones y tormentas que provocan lesiones, muertes y desplazamientos masivos. Los riesgos indirectos se sitúan en el plano de la seguridad alimentaria, con menor rendimiento de cultivos por cambios en temperatura y lluvias y riesgo de malnutrición; la disponibilidad de agua, con sequías y alteraciones en los recursos hídricos que afectan tanto al consumo humano como a la higiene, y enfermedades infecciosas, con la expansión de vectores como mosquitos y garrapatas hacia nuevas zonas, aumentando la incidencia de dengue, malaria, zika y enfermedades transmitidas por garrapatas. Se agregan impactos como desplazamientos forzados y comunidades obligadas a migrar por inundaciones, incendios o desertificación e incrementos de ansiedad, depresión y traumas asociados a pérdidas humanas y materiales tras desastres climáticos.
El comité que supervisó el informe estuvo encabezado por Shirley Tilghman, profesora de biología molecular y expresidenta de la Universidad de Princeton. “Este estudio se emprendió con el objetivo final de informar a la EPA, tras su convocatoria de comentarios públicos, mientras considera el estatus de la determinación de peligro”, dijo la Dra. Tilghman. “Tenemos la esperanza de que la evidencia resumida aquí muestre la sólida base científica disponible para sustentar una toma de decisiones sensata.”
En respuesta al informe, Carolyn Holran, portavoz de la EPA, dijo que “la determinación de peligro ha sido utilizada por las administraciones de Obama y Biden para justificar regulaciones de gases de efecto invernadero por billones de dólares que cubren vehículos de motor nuevos y motores de vehículos de motor nuevos. Como vimos en los 16 años transcurridos desde que se hizo la determinación, muchas de las predicciones y supuestos extremadamente pesimistas en los que se basó la EPA no se materializaron como se esperaba.”
Algunos expertos legales señalaron, siempre según The New York Times, que los intentos de la administración Trump de argumentar en contra de conclusiones científicas de larga data sobre el cambio climático podrían crear problemas en los tribunales para sus esfuerzos desregulatorios: “quizás habría sido una mejor estrategia si hubieran intentado esquivar los argumentos sobre la ciencia climática por completo”, dijo Patrick Parenteau, profesor de la Escuela de Derecho de Vermont. “En cambio, han atacado la ciencia climática y eso ha provocado una enorme respuesta de los científicos, y ahora tendrán que responder cuidadosamente a todos estos comentarios”, agregó. “Y si los minimizan, eso crea una vulnerabilidad legal. Los tribunales serán muy cautelosos si la EPA intenta ignorar o rechazar las conclusiones de las Academias Nacionales de Ciencias.”

