El año 2024 cerró con un crecimiento económico de 2,5%
El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) registró un aumento de 6,6% en diciembre respecto al mismo mes del año pasado. El Imacec desestacionalizado experimentó un fuerte aumento de 0,9% en diciembre respecto al mes previo.
La comparación en doce meses tiende a ser volátil (por ejemplo fue de 0% en septiembre y de 6,6% en diciembre) y la desestacionalizada mes a mes es puntual, aunque son las que presenta la prensa periódicamente sin mayor análisis. Una puesta en perspectiva más acuciosa supone considerar los promedios trimestrales desestacionalizados y anualizados del índice mensual, como se hace en Estados Unidos y Europa, y el dato acumulado del año.
Fuente: Banco central de Chile.
En este caso se constata que en el cuarto trimestre del año 2024 el crecimiento desestacionalizado promedio del Imacec fue de 0,4% respecto al tercer trimestre (un 1,6% en términos anualizados). Este desempeño se compara con el aumento anualizado de 8,7% en el primer trimestre, de -1,6% en el segundo y de 3,2% en el tercero respecto al trimestre previo. El crecimiento algo más lento del cuarto trimestre coincide con el ajuste del gasto público realizado por el gobierno al finalizar el año, dada una recaudación menor a la esperada de algunos ingresos fiscales (ver más adelante).
Por su parte, la actividad económica presentó una evolución con importantes oscilaciones, pero a la postre se registró un crecimiento de 2,5% si se compara el valor promedio del Imacec de 2024 con el de 2023. El resultado final del crecimiento del Producto Interno Bruto del año 2024, aún no publicado, estará cerca de esa cifra, la que es algo inferior al 2,7% previsto por el gobierno al inicio del año, pero mucho mejor que el 0,2% de 2023 y también que el 2,1% de 2022.
Fuente: Banco central de Chile.
En términos sectoriales, el desempeño del año tuvo como protagonista a la minería, con una expansión de 6,2%. El principal sector exportador del país experimentó una reactivación productiva después de tres años de caídas, aunque siempre con una relativamente poca capacidad de arrastre sobre el resto de la economía.
La industria manufacturera tuvo un aceptable desempeño y creció en 2,1%, luego de una expansión de 1,9% en 2023, dejando atrás el comportamiento irregular de los últimos años. El "resto de bienes", que incluye el suministro de electricidad, gas y agua y la construcción -sectores productivos más conectados con la demanda interna- registraron un buen aumento de 3,2%.
En el ámbito de los servicios, destacó la reactivación del comercio con un crecimiento de 3,8%, luego de caídas en 2022 y 2023, que siguieron a la gran expansión de 2021 en la salida de la pandemia y el fuerte incremento del consumo que derivó de los retiros de los fondos de pensiones, que a su vez permitieron un fuerte crecimiento de la economía en su conjunto en 2021 por un aumento inusual de la demanda. Los "otros servicios" a las personas y a la producción experimentaron un aumento anual de 1,8%, una trayectoria ahora más lenta que la de la etapa de recuperación inicial de la crisis de la pandemia. Cabe recordar que en la estructura productiva chilena siguen predominando los servicios, que representaron el 68,9% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2023, a comparar con el 63,4% en 2013 (una apreciación más amplia sobre los cambios en la economía chilena se encuentra aquí).
Al crecimiento relativamente modesto de 2024 no es ajena la política monetaria. La tasa de política monetaria había llegado, luego de fuertes aumentos a partir de marzo de 2022, a una cifra tan elevada como el 11,25% entre noviembre de 2022 y julio de 2023. Fue rebajada por pinceladas desde entonces y llegó al 7,5% vigente en enero de 2024 y al 5,0% en diciembre. No obstante, permanece en un nivel restrictivo, por encima del nivel llamado "neutral" estimado en 4%, es decir aquel que teóricamente mantendría el crecimiento cerca de su potencial sin acelerar la inflación. El Consejo del Banco Central no ha estado dispuesto a acelerar los recortes que aconseja la evolución de la coyuntura, con una inflación básicamente controlada.
La política monetaria se considera expansiva (contractiva) cuando la tasa de política monetaria es inferior (superior) a esa tasa llamada neutral. El nivel vigente de la tasa es aún superior a cualquier cálculo que se pueda hacer, siempre discutible, de esa "tasa de equilibrio". El Consejo del Banco Central la ubicó en 2019 en un rango entre 3,75 y 4,25%. En 2021, la estimación del rango bajó a entre 3,25 y 3,75%, mientras en 2022 la volvió a aumentar a un rango entre 3,5 y 4%. En 2023 situó el rango entre 0,5% a 1,5% en términos reales y se decidió por una referencia de 4% nominal (1% real más 3% de meta de inflación). Estos cambios revelan que el Consejo del Banco Central ha acentuado un enfoque de política monetaria con sesgo contractivo. Utilizar el principio de precaución en el control de la inflación es una opción razonable, pero si se excede de modo sistemático tiene un innecesario costo en actividad y empleo, como se ha constatado desde 2022.
Es la política fiscal la que ha jugado un rol de estímulo de la actividad, sin la cual probablemente el estancamiento que prevaleció en 2023 hubiera continuado, luego de la fuerte desaceleración de 2022, año en el que se produjo un simultáneo y sobredimensionado ajuste monetario y fiscal, alejado de la más aconsejable lógica del "aterrizaje suave" que practicó la mayoría de los países, reiterando la propensión de muchos economistas chilenos a las “políticas de shock”.
El gasto presupuestario del gobierno central registró un crecimiento real de 3,5% en 2024, con un alza de 3,6% del gasto corriente y de un 2,6% del gasto de capital, lo que refleja una cierta recuperación de la inversión pública. Este gasto se restringió al finalizar el año para acotar las cifras anuales de déficit y culminó en un gasto equivalente a 24,8% del PIB preliminarmente estimado.
Se registró, a su vez, un nivel de ingresos que creció solo en un 1,0% y se situó en torno a 21,9% del PIB preliminar. Se produjo un bajo desempeño de la recaudación del impuesto a la renta, aunque los ingresos tributarios netos crecieron en 5,8% anual gracias a una recaudación del impuesto al valor agregado que creció en un 6,9% anual y al crecimiento de la tributación de la minería privada en 41,5%, con el inicio de la puesta en práctica de la nueva ley de Royalty y una mayor producción y mejores precios. Se agregó el mayor aporte de cobre bruto (CODELCO) de 9,6%, de las imposiciones previsionales de 8,1%, de los ingresos de operación de 7,3% y de otros ingresos de 6,0%. Con esto se compensó la fuerte caída de 60,9% de las “rentas de la propiedad”, es decir básicamente de los menores pagos de las empresas SQM y Albemarle a CORFO por los contratos de explotación de pertenencias mineras en el Salar de Atacama, derivados de la disminución del precio de litio (que experimentó una baja de 70 mil dólares la tonelada hace dos años a menos de 10 mil en la actualidad).
El balance presupuestario presentó un déficit de 2,9% del PIB, más que el 1,9% previsto inicialmente por el gobierno. Sin embargo, fue necesario para permitir el crecimiento en el año, dada la política monetaria contractiva. La contrapartida es que el saldo acumulado de deuda bruta del gobierno central presupuestario alcanzó un 42,3% del PIB estimado, mientras los activos del Tesoro Público sumaron un 4,6% del PIB. El promedio de la deuda pública en la OCDE fue de 86% en 2023.
El otro componente de la demanda agregada, además del consumo, la inversión y el gasto de gobierno, es el de las exportaciones netas de importaciones, que también contribuyeron a empujar el crecimiento en 2024. Las exportaciones nominales sumaron 100,2 mil millones de dólares, con un aumento de 5,9%, mientras las importaciones nominales sumaron 78,0 mil millones, con una caída de -1,5%.



