La ultraderecha se hizo mayoritaria en Chile
Un breve balance de la elección del 14 de diciembre
El resultado de la elección del 14 de diciembre de 2025 consagró la victoria presidencial de un candidato de la extrema derecha en Chile por primera vez en la historia democrática. Este es un hecho de grandes consecuencias. Sin embargo, no era inesperado dados los resultados de la primera vuelta presidencial y la elección del parlamento del 16 de noviembre de 2025 y los resultados municipales y regionales del 26 y 27 de octubre de 2024.
La primera mayoría de Jeanette Jara en la primera vuelta presidencial fue de solo 26,9% de los votos, con un bajo resultado adicional de Marcos Enríquez-Ominami (1,2%) y Eduardo Artés (0,9%), en contraste con la suma de los sufragios de los candidatos de extrema derecha y derecha (Kast, Matthei y Kaiser) que alcanzó a un 50,3%, la cifra más alta de este sector político desde el 57,2% de 1946. En la elección de diputados, las fuerzas políticas conservadoras sumaron en 2025 un 44,2% del electorado, y un 56,3% incluyendo el Partido de la Gente, con la lista de extrema derecha alcanzando un 23,0%, mientras en la de 2021 las derechas habían sumado un 39,6%. Ya en la de concejales de 2024 sumaron un 53% de las preferencias, mientras obtuvieron el 62% en la de consejeros constitucionales de 2023. En ambos casos el partido de Kast tomó la delantera y consagró su predominio sobre la derecha, vuelco iniciado al ganar la primera vuelta presidencial de 2021.
Los partidos que apoyaron a Jeanette Jara sumaron un 37,7% de los votos (porcentaje similar al del Apruebo de 2022) en la elección de diputados en 2025. En 2024, las fuerzas de gobierno habían reunido un 36% de las preferencias en la elección de concejales, a comparar con el 44% de 2021. Si se agrega la izquierda radical y ecologista y la Democracia Cristiana, el mundo progresista había alcanzado en 2024 un 46% del voto en concejales, a comparar con el 62% de 2021, es decir 16 puntos porcentuales menos. El impulso progresista y de izquierda posterior a la rebelión social de 2019 solo duró dos años, hasta 2021.
La reversión de esta secuencia se empezó a escribir con un primer hito en septiembre de 2022, cuando la población rechazó con un 61,9% del voto la propuesta constitucional de la Convención. Esta había surgido del proceso iniciado con los acuerdos políticos posteriores a la rebelión social de 2019, aunque tiene diversos componentes que vienen incidiendo desde mucho antes.
Cabe constatar que los 4,86 millones de votantes (ver el cuadro adjunto) que aprobaron el texto de la Convención en septiembre de 2022 fueron algo más que los votantes que eligieron a Boric diez meses antes (4,62 millones). Lo que se produjo no fue un retroceso en el electorado de Boric sino un vuelco masivo del abstencionismo (que en 2021 fue de 6,67 millones, casi dos millones más que los votos obtenidos por Boric), ahora reactivado y canalizado exitosamente por los conservadores, hacia el rechazo a la nueva constitución. Sus redactores agregaron retórica y artículos programáticos impropios de una constitución que debe fijar reglas del juego para reflejar la soberanía popular en una democracia plural. Esto, junto a las tergiversaciones de la derecha (como aquello de que a las personas les iban a quitar sus casas con la nueva constitución), provocaron el descuelgue sucesivo de adhesiones. El rechazo sumó 4,24 millones adicionales de votos a los 3,65 millones obtenidos por Kast pocos meses antes, mientras la abstención pasó de 44% (6,67 millones) en 2021 a solo 14% (2,15 millones) de los habilitados para votar en 2022. Esto fue fruto del cambio hacia la obligación de sufragar, manteniendo la inscripción automática.
Fuente: Servicio Electoral.
Una parte cada vez mayor del electorado joven se había venido absteniendo a partir de 1997, por la vía de no inscribirse en los registros electorales, mientras a partir de 2013, con la llegada del voto voluntario y la inscripción automática, la abstención se instaló en la mitad de los habilitados para votar. La irrupción de Boric en 2021 fue un hito positivo que movilizó a un nuevo electorado, pues hizo bajar la abstención del 51% al 44% en la última elección con voto voluntario.
Pero desde 2022, el cuadro político-electoral no fue cambiado por el gobierno de Gabriel Boric en sus parámetros básicos, con el resultado de que la extrema derecha logró un 58% del voto emitido el 14 de diciembre de 2025 (7,25 millones), con un caudal de votos no muy inferior al del rechazo de 2022 (7,89 millones). Esto no impidió que un 56% de la ciudadanía votara en contra del proyecto del Consejo constitucional en 2023 (6,91 millones de votos versus 5,47 millones a favor), redactado por los republicanos de Kast y su mayoría de dos tercios en esa instancia, luego de que el gobierno cometiera un nuevo error al aceptar el sistema electoral del Senado para un nuevo intento de cambio constitucional sobre caliente, sistema que penaliza la representación de las regiones más pobladas y más progresistas. Este traspié de la ultraderecha reveló que sus ideas no son necesariamente mayoritarias en la sociedad y que lo que existe es un voto fluctuante y reactivo de amplia magnitud y que decide las elecciones. En este ciclo político, se inclinó hacia la promesa de orden y al impulso de xenofobia promovido por la ultraderecha.
No obstante, Jeanette Jara sumó 5,22 millones de sufragios, más que los 4,62 millones de Gabriel Boric de 2021. Fue una candidata eficaz en la mantención y leve ampliación del voto de centro progresista y de izquierda, pero con baja capacidad de incidir en el nuevo “voto obligado”. Lastró su candidatura, a pesar de un buen desempeño de campaña, la suma de su condición de militante comunista -pertenencia que continúa provocando un rechazo ideológico en una parte del electorado, y más aún con la reiterada posición del PC en el tema sensible de Venezuela, aunque no fue la posición personal de la candidata que, al ser elegida en primarias, asumió otro consenso- y de su condición de ex ministra de un gobierno con logros sociales importantes pero con un apoyo ciudadano minoritario y un amplio rechazo a su gestión.


